Persuasión desde la emoción Parte 1

Publicado en Mar 25 2014 - 9:50pm por Álvaro Bonilla
Una de las herramientas más poderosas para seducir y para cautivar se encuentra en la emoción. A través de la emoción podemos crear empatía, transmitir estados, generar confianza, despertar atracción y generar intimidad con una mujer. Aunque pudiéramos aprender a falsificar emociones, la potencia que tiene una emoción no es posible de imitar. Usualmente las escuelas más populares de seducción no nos enseñan a conectar con nuestras propias emociones y sobre todo a conectar con las emociones de los demás, o incluso a provocar emociones en una persona que aparentemente está en un estado más racional.
La persuasión a través de la emoción es la forma más natural que tenemos que persuadir, es nuestra forma innata de conexión y de influencia. Uno de los grandes problemas que me encuentro en personas solitarias o personas que tienen dificultades con las mujeres es que les cuesta muchísimo la expresión emocional. Es como si no pudieran transmitir cosas profundas a un nivel emocional, o como si pusieran una barrera que los separa del resto de personas. Eso es lo que se denomina poner barreras emocionales. Lo más interesante es que las personas que sufren esto no son conscientes de qué carajos es lo que pasa, por qué esa mujer especial nunca les contó ese gran secreto, por qué ella parece sonreír más con otros, por qué parece divertirse más con otros, por qué parece sentir más respeto e incluso admiración que afecto y atracción.
Si has sentido esto tienes un asunto pendiente, muy importante y prioritario con tus emociones. Generalmente existe un patrón bastante frecuente en este tipo de personas y se describe a continuación:
1. Una inclinación bastante acentuada por racionalizar todo, es decir, por pensar demasiado, por pensar y pensar y pensar sobre absolutamente todo. Puede deberse a que por su crianza han visto como modelo de éxito a la razón para tomar decisiones acertadas. O porque quizá su formación académica se ha centrado en la comprobación para llegar a supuestas verdades y privilegian el pensamiento como su forma de relacionarse con absolutamente todo.
Como todo la inclinación a racionalizar es un hábito que ha sido creado y no es la forma en la que nuestra mente siempre está dispuesta a proceder. Por esto no necesariamente las personas más intelectuales, ilustradas son las más exitosas. Muchas de ellas están confinadas a la cárcel de su propia mente, llena de voces, de argumentos, de ideas, de pensamiento excesivo. Cuando este pensar y pensar llena la mente de una persona usualmente tiende a volverse problemática, a dudar de absolutamente todo, tiende a ser demasiado rígida mentalmente porque sólo puede cambiar si su pensamiento ha comprobado que el cambio es seguro. También suele llenarse de dudas existenciales al meditar sobre cualquier asunto, suele volverse ansioso y quedarse sin actuar por el mismo exceso de este pensamiento. No empieza las cosas simplemente porque se queda pensándolas eternidades.
Este patrón se da exactamente igual con las mujeres: el pensador obsesivo es una persona que racionaliza exageradamente todo lo que ocurre, y lamentablemente son las víctimas perfectas de los métodos tradicionales de levante, pues éstos al desmenuzar en tantas partes la seducción, poner nombres raros, elaborar intrincadas rutas de seducción y cortejo, lo que están haciendo es complicar algo que ya de por sí es complicado para la mente pensadora obsesiva. Aunque este hombre piense “ahh con razón es que no ve me va bien con las mujeres” al final le seguirá yendo igual de mal porque ahora tendrá mil elementos con los cuales complicarse. El pensador obsesivo olvida lo simple. Se pone a filosofar sobre afectos, y le cuesta romper el patrón porque es que su mente se habituó a esa forma de proceder.
Este mismo hombre seguirá llenándose de excusas, de “no se puede porque es mi compañera de oficina”, “no se puede porque acaba de terminar con su novio”, “no se fijaría en mí porque su último novio era modelo de ropa interior”, y así. Continuará preguntando en los foros y grupos cosas como “cómo seducirían ustedes a una enfermera”, o “cómo seducirían a una cajera que usa gafas y que siempre usa blusas escotadas”. Pensar, pensar y pensar. El que piensa pierde dice la sabiduría popular, y en parte es cierto, pensar demasiado te hace perder momentum, o lo que es lo mismo, oportunidad.
2. Busca presumir de su mente. Este es un rasgo que para el pensador obsesivo o el individuo centrado en la mente y que para él tiene todo el sentido, aunque para las mujeres no signifique absolutamente nada y lo vean ya sea como un intelectual, un sabio, un gran genio, pero no como un hombre a quien desean desvestir o a quien desean en sus noches de insomnio y que es el responsable de la humedad de su ropa interior (como ves hay una gran diferencia como distancia hay entre Mercurio y Plutón).
¿Qué es lo que hace entonces nuestro hombre racional? Presume de su grandiosa inteligencia, de su finísimo humor, sarcasmo e ironía, presume de sus logros profesionales y de cómo ha logrado un montón de cosas y se ha codeado con gente tan importantísima, de cómo era el mejor en la universidad y cómo acaba de recibir su grado con los mayores honores, de cómo una vez le hizo ver a un grupo de socialistas que el liberalismo era la alternativa económica más “plausible”. Palabras raras, autores, logros, citas famosas, libros, referencias.
¿Acaso Sheldon Cooper es un ícono de la seducción porque es un hombre supuestamente demasiado inteligente? Pues no. Esos mismos hombres que tratan de generar admiración porque en alguna peluquería escucharon que las mujeres se enamoran de los hombres que admiran o porque su abuelita les dice que se casó de su abuelito porque lo admiraba, son los hombres que ven que la mujer simplemente piensa de ellos que son inteligentes y ya mientras que salen y se acuestan y practican todo el kamasutra con hombres a los que simplemente encuentran divertidos y atractivos y “las hacen reír”. Tú dices “pero maldita sea, ¡esa es la historia de mi vida!”.
Pues también fue la historia de mi vida.
Por eso te lo digo.
3. Renunciar al mundo de la emoción y con ello al mundo femenino. Luego del dolor queda el abandono y la resignación a ser diferente, a ser una persona única en vía de extinción y que no es valorada en su tiempo, quizá si hubiera nacido en los años 20 o en los años 40 sería más valorado. Y se refugian en sus libros, en sus mentes, en sus teorías de la vida, en su prisión y le ponen doble candado. Su esperanza es encontrar a una mujer semejante a ellos, y la buscan por el lado de las intelectuales, y con suerte probablemente encuentren una mujer y fantasean con que sea su media mitad y la mujer perfecta para ellos, y lo que encuentran es una mujer desconectada emocionalmente, fría, poco orientada a la sexualidad y también como ellos inclinada a racionalizar absolutamente todo.
4. Olvidas que eres cuerpo. El hombre desconectado de su emoción lo está de su cuerpo. Es un hombre muy poco consciente de su postura corporal, usualmente o esta jorobado mirando al suelo o está demasiado erguido mirando al cielo, pero no mira al frente, no conecta. Está demasiado serio, con el ceño fruncido, una mueca en su boca, o los labios tensos, transmitiendo preocupación, como si estuviera decidiendo algo muy transcendental, o como si simplemente estuviera tratando de contener un ataque de diarrea. Es percibido generalmente como un hombre triste, apesadumbrado, preocupado, tenso, demasiado serio, demasiado trascendental, que se toma así mismo con mucha seriedad.
Estos hombres tampoco son amigos de ejercitarse, usualmente no saben bailar, son torpes, descuidados con su apariencia personal, demasiado rígidos como para un cambio de aspecto, y pueden pasar 10 años y son una fotografía exacta, no cambian nada. Detestan los colores más vivos, y se van por colores azules, negros, grises oscuros. Muchas veces visten como si tuvieran 15 o 20 años más. No están conectados con esa sensibilidad derivada del estilo y del vestir, para ellos “eso” no tiene nada que ver.
El mundo femenino es, por lo general, un mundo más emocional. Por ello quienes dicen que hay que conectar con el lado femenino están diciendo otra cosa y es que  hay que conectar con nuestra parte emocional (no es que te vistas de mujer y te conectes con lo que sienten ellas al estilo de la película de Mel Gibson “Lo que ellas quieren”), no es algo muchísimo más básico y es dejar de vivir en tu cabeza. Mientras estás desconectado vives sólo del cuello para arriba. Cuando te conectas “descubres” que tienes cuerpo.
En el próximo post seguiré con este aspecto y te daré algunas líneas para que empieces a conectar con tus emociones y para que descubras el valor de la emoción para conectar con las mujeres y lo trabajes desde la autenticidad,
¡Que comience la cacería!

 

 

 

 

 

¡Hasta la próxima!