La necesaria muerte del hombre bueno

Publicado en May 31 2016 - 4:12am por Álvaro Bonilla
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La verdadera transformación masculina es la toma consciencia del hombre bueno y suave y su total aniquilación, para que emerja un verdadero hombre con criterio, valiente, agresivo (que no es violento) y que no desea complacer a nada ni a nadie más que a su propia naturaleza.
Día tras día me encuentro hombres generosos, bondadosos, suaves, totalmente amplios en sus límites, absolutamente tolerantes a todo, grises, invisibles, con una energía adormecedora, con una suavidad que decora de diplomacia todo lo que lo rodea. Su naturaleza es demasiado educada, no se encuentran conectados con su “salvaje” interior, se encuentran divorciados de sí mismos y quedar bien es su principal mandamiento.
La sociedad actual castra diariamente al hombre cuando adopta una postura radical, se obliga a que tiene que cuadrar en las formas, que no puede levantar mucho su voz o decir algo en contra de lo que todos quieren o de lo que todos piensan. Se le obliga a retractarse, se le tacha de violento cuando afirma sus deseos, se le obliga a negociar, a hallar acuerdos, a pactar. Cuando se levanta y da un manotazo sobre la mesa se le tacha de intransigente, de “bruto”. Se le marchita constantemente y se le amansa para que sea suave.
Compartiré dos historias que reflejan este hombre suave. Cuya muerte es el resultado de un viaje personal adentro de nuestra propia masculinidad.
Primera historia: El hombre muerto en vida
Imagina una relación de un hombre débil y sumiso, totalmente tibio en cuanto a su sexualidad se refiere. Tiene la “suerte” de tener un extraordinario trabajo y dinero, ello le hace accesible y deseable a las mujeres, por lo cual consigue tener una relación, y luego un matrimonio, con una mujer tremendamente sexual y dominante que se ve deslumbrada por el estatus que este hombre le ofrece. La visión superficial de esta mujer no le hace caer en la cuenta que con el tiempo ella estaré reclamando a un verdadero amante en su cama y que este hombre poco a poco se irá jorobando y apocando con el peso de su propia debilidad.
Con el tiempo este hombre no es capaz de acceder al inmenso potencial sexual de esta mujer, el sexo se convierte en algo plano, rutinario, tremendamente aséptico, insípido. La sexualidad de esta mujer no está diseñada para este hombre niño asustadizo, la sexualidad de esta mujer fantasea con un hombre salvaje, que la dome, que la tome por el cuello y le haga el amor con la violencia que ella necesita para sentirse mujer.
Con el tiempo esta mujer busca varios amantes que pueden contener su impresionante fuerza sexual, hombres que saben leer su deseo de ser dominada y también dominar. Hombres que se conectan con todo su cuerpo y saben saborearla de pies a cabeza. Su esposo ni siquiera lo intuye, el evidente distanciamiento sexual no es leído por sus emociones, su vida laboral ya no le ofrece estímulos y su día a día ha hecho que se seque y que ofrezca un retrato patético, una versión marchita de un hombre.
Cuando su mujer le confronta  y le muestra lo evidente: un jardín seco que se llama “hogar”. Éste hombre sólo recurre a mendigar como un niño amor, a mostrarse inmensamente triste, a culparla, a decirle que cada vez que ella le dice eso le hace infeliz, a mostrarse lloroso, manipulador, PATÉTICO.
Un hombre puede despertar y este camino extraordinario de la seducción y del desarrollo personal te invita  a que con ciertas dificultades mueras, te entierres y resucites. El despertar es la palabra clave de este proceso. Recordar tus genes, tus ancestros y tu propósito para conectarte con la verdadera masculinidad.
Éste hombre debió haber aceptado su patética pintura. Destrozarla. Iniciar su camino personal de descubrimiento y promerterse nunca jamás dejar morir su llama interior, nunca jamás enterrar su deseo en la rutina, nunca jamás dejar que sea dominado por una sexualidad femenina poderosa. Abrazar sus instintos y desarrollar su energía sexual para que ella le haga penetrar, entrar y salir, con fuerza en aquellas mujeres que él elige. Éste hombre debería aprender que su valor trasciende sus posesiones y sus logros y se extiende a su naturaleza masculina, a su SER, a su deseo de ser el Rey de su mundo.
Segunda historia: El hombre cobarde
Todo hombre necesita rehacer varias veces su camino si se encuentra adormecido, si se encuentra insatisfecho, si se encuentra frustrado. Esas emociones representan el desequilibrio entre la naturaleza del propósito y la naturaleza que de lo que hace.
El cambio es el requisito del despertar.
El hombre bueno sólo querrá seguir así.
El hombre bueno no querrá incomodar a alguien.
El hombre bueno seguirá sintiendo la voz de padre y madre que le desaprueban y que le invitan a ser conservador.
El hombre bueno entenderá que su destino es trabajar y jubilarse.
El hombre bueno entenderá que aunque tenga poder y dinero necesita seguir siendo sumiso.
La presión que el proceso del despertar imprime sobre el hombre domesticado, bueno y suave, suelen aparecer cada década. Suelen aparecer con esa profunda insatisfacción. Con la sensación de caminar en un desierto. Con un ánimo aún más apagado y débil.
La alternativa de este hombre es abrazar la rebeldía, romper las cadenas que lo someten. Tal vez represente un cambio de empleo, tal vez el camino del emprendimiento, tal vez dejar esa relación que ya no le aporta emoción. El hombre bueno busca rescatar la situación, el hombre que despierta busca encontrarse a sí mismo, encontrar una versión auténtica que le inspire a irse y buscar otro camino más apasionante.
El hombre que despierta teme a la comodidad.
El hombre que despierta abraza al guerrero interior y busca desarrollar una actitud combativa, irreverente, inconforme, allí encuentra una verdadera motivación y un poderoso fuego interno.
Como epílogo a este post sólo me resta decir que el hombre bueno es una versión oscura de la masculinidad. El hombre bueno cree en que la sumisión y la manipulación de las emociones a través de la bondad y lo correcto es lo que le ganará los premios. El hombre bueno interpretó mal las tradiciones judeo cristianas y cree en el fondo que su sexualidad es mala, es un hombre devoto de la culpa y que es fácilmente dominado por lo que otros le dicen. El hombre bueno sólo busca que otro se haga cargo de su vida. Esa es su motivación para tener una mujer. Busca un sustituto de su madre, que le cuide y que además le de sexo, preferiblemente uno en el cual él sea pasivo (de ese mismo tamaño es su debilidad). El hombre bueno busca una empresa, un jefe, un partido político, un líder para que se haga cargo de su vida y le diga qué hacer. Un hombre bueno sigue siendo dirigido por su madre aunque ella ya no viva con él.
El hombre bueno no quiere ser incómodo. No quiere molestar. No quiere gritar.
El hombre bueno no es un guerrero, no es un aventurero, no es un artesano, no es un mago. No es un líder aunque sea un jefe. El hombre bueno es una oveja.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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