Hombres suaves y hombres fuertes

Publicado en Jun 9 2016 - 1:19am por Álvaro Bonilla

vivir la masculinidad

Hoy continuaré con una breve ampliación sobre la necesaria muerte del hombre bueno, aclarando algunos puntos que los lectores me han mostrado y algunas preguntas que ha suscitado el texto.
Hoy día es necesario la conexión de los hombres con su propia masculinidad, con las particularidades de su género, y ello nos expone a emprender un viaje personal dentro de nuestra propia psicología para hallar nuestro lugar particular en el mundo. El mundo actual nos ha vendido imaginarios de la masculinidad estética (parecer) que nada tienen que ver con la auténtica masculinidad (ser). Y se ha promovido una especie de “vergüenza” o “culpa” asociada al ser un hombre. Constantemente los medios de comunicación nos bombardean con la “ideología de género” según la cual ser hombre es malo, ser masculino es malo, y las fronteras entre hombres y mujeres cada vez deberían desdibujarse más, de tal manera que estaríamos frente a personas que se mueven entre los sexos, sin comprometerse con ninguno en particular. También se promueve el igualitarismo, según el cual hombres y mujeres son iguales, lo cual resulta en desconocer nuestras diferencias, comenzando por las evidentes diferencias anatómicas. Al hombre se le ha culpado de la guerra, de la muerte, de la violación y de todos los males de este mundo.
Esta cultura ha generado una búsqueda de lo políticamente correcto, que atenta contra la verdad. Hoy día no es posible decir algo que frente a las mayorías suponga un desafío, al contrario, es necesario callar, corregirse, pedir disculpas, ofrecer perdón, retractarse. La semana pasada Fox pidió disculpas ante un colectivo femenino que demandaba el poster promocional de la película “X Men Apocalipsis” porque mostraba al villano ahorcando a una mutante. La interpretación del colectivo es que era una incitación a la violencia  de género y que por ello era insultante. Si llegamos a esos extremos la ficción debería desaparecer, así como la literatura y deberíamos vivir en un mundo de fantasías infantiles donde se promovieran los valores más nobles. Irónicamente, quienes hemos visto esta película sabemos que quien al final vence al villano es una mujer quien de hecho es la más poderosa en el universo de los mutantes de Marvel.
El problema no es la queja como tal, cada uno tiene su interpretación, el problema para mí está en la cultura de la no argumentación, de no encarar el debate y simplemente pedir disculpas por absolutamente todo. Los productores de Fox, como sucede con muchos, prefiere no entrar en conflicto y disculparse, creando un precedente nefasto en esta cultura de lo políticamente correcto donde el principal perjudicado en este momento es el hombre, porque al ser denunciado o señalado por una mujer ya se supone que ella es la buena o la que tiene la razón o la que tiene la verdad y el malvado, mentiroso o equivocado es el hombre.
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Sin embargo, una cosa es que se te intente castrar. Otra es que lo permitas sin decir nada o más aún ofreciendo excusas por ser un hombre.
Tras la revolución industrial hemos perdido tres elementos fundamentales en la construcción de nuestra masculinidad que nuestra particular psicología extraña:
1.     La labor de mentoría del padre: hoy día existe un vacío importante en las figuras paternas: son distantes emocionalmente, indiferentes, perezosas, mediocres, no cumplen su función inspiracional y en muchos casos sólo se les ve en las noches o los fines de semana.
2.     La distancia emocional con la madre: Las madres han adoptado el papel principal en la enseñanza y mentoría de los hombres y con ello sus hijos han cargado con el peso emocional de las madres abandonadas, de las madres auto sufiencientes, de las madres que se han distanciado del padre y que luego nos han adoptado a sus hijos como sustitutos. Los niños han crecido con un vínculo emocional demasiado cercano a sus madres y ese vínculo se ha mantenido a costa de la distancia del padre, absorbiendo los conflictos de la madre con el mundo masculino representado en su esposo.
3.     La pérdida de la masculinidad sagrada basada en rituales de iniciación, en la mentoría de hombres mayores (en la antigüedad llamados “ancianos”) y con ello hemos perdido la conexión con arquetipos masculinos como el héroe, el guerrero, el mago. Nuestra masculinidad es plana, basada en signos externos y no en características esenciales y es una masculinidad tremendamente débil, sumisa y suave.
Lastimosamente las alternativas que se han generado resultan incluso más nocivas. Por una parte está la exaltación del Macho Alfa, como un hombre arrogante, bravucón, matoneador, que no ha trabajado sus emociones, que no se conoce y que simplemente adopta una masculinidad postural que disfraza una enorme debilidad. Es la masculinidad hueca. Es la masculinidad del ruido, pero que omite la sabiduría del hombre, que disfraza de soldado a un hombre que no sabe lo que es ser guerrero y no sabe lo que es la guerra.
Por otra parte están los grupos MGTOW, que fundamentan su protesta en un profundo resentimiento que se huele a kilómetros. Son hombres en generar con una herida emocional tremendamente grande, con un nivel de rabia y dolor que ellos disimulan con la crítica a los patrones relacionales actuales y a las mujeres en general. Para ellos ninguna mujer es buena, ninguna mujer sabe amar y todas son enemigas naturales de los hombres, pues mantienen una “agenda oculta” para debilitarnos. Algunos logran ser algo más argumentados, pero sus seguidores son hombres que han encontrado una tribu para drenar su odio pero sin establecer puentes de comunicación con ellos mismos y con las mujeres.
El error del feminismo radical ha sido el divorcio de lo masculino, el repudio a lo masculino en la sociedad, a los hombres y a lo masculino en ellas. Lo mismo ocurre con los grupos masculinistas y con la secta MGTOW, verdades a medias, generalización, odio tribal, sectarismo, supramacismo, discriminación. Ambas son muestra de masculinidades o femeneidades que no se han comprendido, y que omiten el diálogo, pues sean feministas o masculinistas es imposible el diálogo constructivo sin que seas tratado de idiota, ignorante, traidor, etc.
Tras este análisis quiero proponerte cinco alternativas de trabajo personal que para mí son fundamentales en el trabajo con tu propia masculinidad:
1.     Cargar con la culpa: El hombre suave es una persona que siempre se siente más responsable y culpable de sus acciones. Es un hombre que siente que si hace algo genera daño o lastima a otros, sobre todo a las mujeres, y ello hace tremendamente pusilánime, pues teme tomar opciones. Uno de los rasgos propios de la masculinidad es la capacidad de ser decidido y avanzar y muchos hombres suaves y bondadosos sienten que sólo respirando ya dañan y causan dolor. La liberación de esta extremada sensibilidad y culpa es un trabajo personal muy importante, en el cual es necesario reconocer que las relaciones humanas y las decisiones harán felices a unos y provocarán dolor a otros, y eso es algo que hay que vivir si deseas una vida auténtica y libre. El hombre suave vive encadenado a los otros y sobre todo a las mujeres que dice amar.
2.     No ser consistente con sus propios deseos y necesidades: El hombre suave y bondadoso se olvida de sus deseos más egoístas, justamente porque siente que el egoísmo es malo, y evita reclamar lo que quiere, no quiere ser demasiado demandante, antes de pedir algo ya se excusa, advierte que lo que quiere quizá lo haga parecer egoísta y cuando logra reclamar algo para si lo hace con demasiados rodeos, evidenciando debilidad en su carácter. Tema relevante en cuanto a las mujeres se trata, mostrando rasgos demasiado blandos “cuando tú quieras”, “como tú te sientas cómoda”, “cuando sea tu momento”, “no quiero parecer egoísta”. Y con ello van cavando dentro de sí un hoyo lleno de resentimiento, fantasías y expectativas de que sus parejas adivinen lo que para ellos es deseable o placentero.
3.     Ponerse en último lugar: En relación con lo anterior el hombre suave o blando tiene una vocación de mártir y de sacrificio, y es allí donde es posible ver el impacto de una relación disfuncional con la madre. El hijo carga con la responsabilidad de redimir, para su madre y para las mujeres, a todos los hombres del mundo. Recibe el mandato de ser el mejor hombre posible y lo hace renunciando a lo que le hace masculino: renuncia a la dominancia, renuncia a la sexualidad activa, renuncia a su carácter, a su criterio, y se vuelve un conciliador y un empático que en actitud sumisa decide ir de último. Cree que hace lo correcto pero se añade sufrimiento al ver cómo los demás no se interesan por él y cómo ellos son prioridad para sí mismos.
4.     Reprimir los reclamos justos hacia otras personas: El hombre bueno a pesar de tener la razón no ha cultivado las habilidades emocionales para ser asertivo, para decirle en la cara y de manera firme a las personas que se han equivocado, no les indica que lo que le han hecho le produce dolor o sufrimiento. Deja a las personas impunes. Olvida la justicia y su masculinidad guerrera y olvida sacar la espada en ciertos momentos. Le teme a la espada y al hacha y busca siempre conciliar, perdonar, ser en extremo tolerante, no es capaz de expresar su enojo, su rabia con las personas que le han ofendido o le han hecho daño.
5.      Ser extremadamente correcto: Dentro de la cultura de lo políticamente correcto nuestro hombre se conecta con las causas femeninas y modera su propia personalidad para ajustar. Teme ser juzgado de machista, de anticuado, de ordinario y siempre posa de bien educado y de tremendamente tolerante y suave. Prefiere no discutir, prefiere no cortejar a una mujer, prefiere siempre decir “cómo te gusta a ti”, en lugar de “a mi me gusta así y así”. Prefiere aislarse y no enfrentar a esas mujeres que tanto le asustan, pues entre más ganan las mujeres espacios los hombres preferimos enclaustrarnos y vivir una masculinidad “Homero Simpson”, pues también los medios están felices mostrando a un hombre cada vez menos heroico y cada vez más torpe y estúpido.
No trabajar la masculinidad tiene un alto precio: un vacío emocional, una desconexión del propósito, un sentimiento de no tener energía vital para emprender, vivir relaciones sentimentales suaves  y sumisas o la soledad apegados al temor a lo femenino.
Hombres y mujeres debemos sentarnos a hablar, conocer cómo piensa cada uno, discutir si es necesario, pero no salir corriendo diciendo que el otro es el enemigo o que simplemente es un monstruo.
Aún más, no debes sentir que ser hombre te hace un monstruo depredador y un ser malo. Ser hombre, el modo en que te correspondió vivir tu existencia, es un modo de ser que debes honrar y vivir al máximo.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!
¡Hasta la próxima!