El hombre servicial aniquila tus opciones con las mujeres

Publicado en Mar 30 2017 - 12:58pm por Álvaro Bonilla

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El hombre bueno tiene una necesidad imperiosa de ser bueno y de ser servicial. 8 de cada 10 hombres con lo que he trabajado de una forma u otra en este camino de la seducción son buenos y serviciales. Son personas extraordinarias, sin embargo, rebajan su oferta al hacerse accesibles a cualquiera, rebajan su precio y por ello se convierten en mercancías desechables.

Y hoy quiero dedicar este post a la vocación de servicio del hombre bueno. Su vicio es ser servicial, ser positivo, ser amable, y este vicio es tan nocivo como el alcohol o las drogas.

El hombre bueno no conoce su propia agresividad, no ha probado el dulce manjar del carácter fuerte, nunca ha estallado contra nadie, nunca ha perdido los papeles, nunca se ha emputado verdaderamente. Lo suyo son pequeñas broncas de las que después se arrepiente y pide disculpas, diciendo que no sabe lo que le pasó y quedando en deuda eterna y con el compromiso de portarse bien para que los demás vean que sigue siendo bueno.

El hombre bueno teme lo sucio, es asquiento al carácter fuerte. Le da repulsa los hombres agresivos, los considera bajos, los considera indignos, los ve casi como animales, como cerdos. Mientras tanto él, es un señorito refinado, la evolución casi asexuada de la masculinidad, el redentor, el hombre a la que toda mujer debería admirar y fijarse.

Un buen muchacho.

No me cansaré de repetir que empezar a tener éxito con las mujeres depende, entre otras cosas, de un cambio en tu naturaleza, en tu auto imagen, que empieces a definirte de otra manera. Esa es la clave del ascenso en la escalera, o quizá en el descenso, tu decides cómo quieres verlo.

Un cambio esencial en tu forma de comportarte y de ver el mundo.

El hecho es recuperar tu naturaleza ancestral, el hombre primitivo se caracterizada por ser un hombre tremendamente práctico, un cazador que iba detrás de lo que quería jugándosela al fondo. Mientras tu dudas tomar acción y plantearte seriamente tu transformación el hombre primitivo se jugaba la vida cazando bestias enormes.

Hasta ese punto nos hemos ablandado.

Entiendo que esta información te genere una disonancia cognitiva que no sabes cómo resolver. Entiendo que te han formado en una serie de valores que habla del amor al prójimo, del servicio, de ser mejor a través de la bondad y las demostraciones de atención hacia los demás. Y por otra parte entiendo que te confronta y te frustra ver que las mujeres se confunden con tu comportamiento y que en lugar de sentirse más atraídas se sienten más abrumadas y escapan o simplemente no se entregan a ti de la forma romántica o sexual que desearías.

Y a parte llego yo y te digo sutilmente que estás actuando como un señorito.

Entiendo que te preguntes cómo tienes que comportarte, si acaso digo que tienes que ser un sicario, comportarte como un mafioso o ser un completo despreciable con las mujeres.

Entiendo que pareciera no haber alternativas, porque hay un viejo mecanismo anclado en tu ser que dice: “Si soy bueno seré recompensado”. Tus padres te condicionaron para ello, la sociedad, la religión.

Pero mi amigo, eso no funciona así.

De hecho, en las parejas establecidas que conozco el sexo disminuye notablemente cuando el hombre se convierte en una persona complaciente, disponible y buena.

La raíz del problema del hombre bueno se halla en que no es capaz de ser egoísta. Se siente mal cobrando por lo que hace. Se siente mal diciendo “yo te ofrezco esto y  tú me das esto”. Se siente mal porque siente que cosifica las relaciones y las vuelve un negocio.

Pues mi amigo, bienvenido a la realidad, las relaciones son un acuerdo, un pacto, en otras palabras, un negocio, y funcionan cuando el interés propio se satisface y se dañan cuando vemos que el otro no tiene nada que ofrecer. Los noviazgos son así, los matrimonios son así.

Quizás tú acompañes a tus amigos pobres, enfermos y sin nada que ofrecer hasta el final de sus días. Pero créeme, ellos no harían lo mismo por ti.

Ok, digamos que uno lo haría… Digamos.

Así son las cosas.

Lamento despertarte de tu ilusión.

Por una maldita vez entiende que, haciendo favores, que, prestando desmedidamente tu atención, que, estando siempre allí listo para una mujer no la vas a conquistar. Vas a mostrar claramente que eres un servicio gratuito y vas a perder su respeto.

Tienes que ser tu mejor versión, un hombre valores, pero ser un hombre de valores implica no sólo un código ético o moral, sino un hombre que vale, que se nota que vale, que es valioso.  Un hombre de astucia y un hombre de estrategia. El hombre bueno ha olvidado la astucia, y ella es la que le llevará no sólo a servir o a compartir, sino también a ser bien remunerado, a liderar, a ser solicitado, a ser deseado. Hay que ayudar al prójimo, pero no con asistencialismos, al prójimo que hay que ayudar es a aquel que se ha esforzado y que sólo le hace falta un empujón y se lo puedes dar. En el caso de las mujeres, lastimosamente mucha de la ayuda que solicitan se basa en manipulación, en sonreír, en mostrar escote, en hacerte creer por un segundo importante. Saben con consciencia que lo hacen, las puedes escuchar creando ilusión sólo para ser ayudadas (no todas, por fortuna), en ese caso tu ayuda es sólo entrar en el juego donde tú no vales nada. Y no hay que propiciar esto, hay que hacerles ver que eres alguien de valor y que la relación de servicio se invierte, tú eres el que pide y ellas las que dan.

Lo que deseo combatir es la generosidad sin límite, la llave abierta de la bondad, el servicio, la atención sin fin, y más cuando ésta se  se desperdicia. Por un momento imagina que no estamos hablando de seducción, sino de inteligencia financiera ¿Qué pasaría con alguien que fuera por la vida regalando su dinero a cualquiera que le pide prestado? La respuesta es: quebraría, estaría creando un sistema paternalista y asistencialista que alimentaría a los parásitos. Estaría siendo un verdadero idiota que da a cualquiera el fruto de su trabajo. Estaría prostituyendo sus buenas intenciones al no poner un filtro, al no ser selectivo, al no poner un criterio de negocio, al no darle valor. Ese hombre en el fondo no se quiere, no se ama lo suficiente como para pensar en sí mismo primero. Ese hombre necesita urgentemente ayuda.

Y también crea ese protocolo con todas las mujeres a tu alrededor. La opinión que tengan de ti tus amigas es importante, porque es la misma opinión que van a tener las amigas de sus amigas. Me explico: No te hagas fama de buenos samaritanos, de hombres piadosos, buenos consejeros, paños de lágrimas. Porque eso es lo que las amigas de sus amigas (potenciales intereses románticos o sexuales) conocerán de ustedes. Sean un peligro, incluso para sus amigas.

Recuerden que la seducción junto con el sexo es honrar lo primitivo en nosotros, lo emocional, incluso lo animal, lo inconsciente. La seducción y el sexo son crudos, sólo los hombres buenos lo han revestido de un empalagoso romanticismo y un ruin idealismo. El hombre refinado en estas áreas no recibe nada, sólo a las mujeres enfermitas y manipuladoras.

Si la seducción y el sexo fueran un sistema económico serían capitalismo puro. Interés.

Aprende de esta maravillosa escena. En ella el personaje de Hannibal Lecter nos enseña algo muy profundo: Clarisse Starling sabe de los conocimientos del doctor Lecter para la perfilación de criminales, Lecter conoce de la mente femenina. En lugar de simplemente dar la información le lanza un “quid pro quo Clarisse”, un “yo hago esto por ti y tú qué vas a hacer por mí”. Mutuo interés declarado. Él no se va a dejar utilizar, antes de ello él va a permitirse adentrarse en los símbolos ocultos del inconsciente de Clarisse, y se lo va a hacer saber siempre de frente, en su cara. La va a enamorar.

Éste es un marco mental demasiado fuerte, y es una importante ilustración del valor que debes dar al tiempo que ofreces, a las emociones que ofreces, al compromiso que ofreces:

Que nadie más te dé por asegurado.

Que nadie más te dé por algo gratuito.

Que nadie más aparezca sólo para pedirte algo.

Que nadie más olvide ser recíproco contigo.

Que nadie más olvide pagarte sus deudas.

Que nadie más  te defina como un hombre bueno.

Si crees que esto es del amor romántico, del cruce de caminos, seguro ello explica tu soledad.

A despertar el salvaje.

Ya seguiremos hablando del tema.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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Si quieres vivir más disonancia cognitiva entonces te interesará iniciar tu proceso de transformación profunda.