La dificultad de alcanzar tu mejor versión: Cuando deseas dejarlo todo

Publicado en Oct 4 2017 - 10:42pm por Álvaro Bonilla

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Entiendo que quizá estés cansado.

Comprendo que llegas al punto del escepticismo total.

Conozco la sensación de sentirte totalmente atrapado en la clase de hombre que eres. Desde hace años lleno de sueños e ilusiones que han envejecido contigo.

Sé que has devorado toda clase de información, que cada año te has llenado de objetivos, y que a estas alturas sientes que te has defraudado nuevamente.

La maratón de sobrevivir y la lucha de ser algo mejor de lo que tu familia, tus parientes o tus amigos ha llegado a un punto desgastante.

¿Por qué es tan fácil aprender vicios nocivos, hábitos infructuosos o perder el tiempo y tan difícil emplear el mismo esfuerzo, pero para adquirir hábitos saludables, productivos y que te lleven a sentirte orgulloso de ti mismo?

Entiendo que has pensando que la naturaleza humana no da para más. Que tener éxito en las relaciones, en la parte profesional o en las finanzas es algo sólo reservado para personas con una extraordinaria genética o quizá que han nacido en hogares que les han propiciado mentes ganadoras desde la infancia.

Sé que te preguntas

¿Cómo me pongo al día y recupero el tiempo perdido?

¿Cómo desaprendo las cosas que aprendí desde niño y que he seguido repitiendo por décadas?

¿Cómo domestico mis instintos destructivos y que me llevan a encadenar error tras error?

¿Dónde está la clave del crecimiento?

¿Cuándo podré despertar?

¿Es posible transformarme?

¿Es acaso mi destino tener un éxito efímero, como equipo de fútbol inglés Leicester, una racha de gloria, para saber luego que sólo fue eso, una racha, y que ser un Liverpool es algo que simplemente no me corresponde?

Sé que tocas el punto de la resignación.

Sé que tienes voces de preocupación, que te repiten cosas como “Y si vuelvo a fallar”, “Y si me rechazan nuevamente”, “Y si invierto tanto esfuerzo para nada”.

Sé que tu situación también te desencadena voces críticas, que te acusan diciéndote cosas como “eres un inútil”, “los demás perciben que eres un inseguro”, “jamás te van a creer”, “ellas sienten que hay algo muy desagradable en ti”.

También sé que hay voces de victimización, que encarnan la desesperación que a veces te invade, ese ahogo interior, esa necesidad de salir y caminar y caminar hasta que tu situación se transforme, esa sensación de profundo vacío donde simplemente no sabes dónde estar, porque a donde vayas, esa frustración, esa desazón te acompaña: “No puedo”, “no voy a poder”, “debo aceptar que soy así”.

Sé que vas y vuelves constantemente a tu pasado, preguntándote dónde inicio todo, quizás algún día con una certeza clara que dice hora y lugar donde te rompiste, quizá ese momento en la infancia, quizá ese momento de algún primer rechazo, quizá esa vez cuando tu confianza fue traicionada, quizá esa vez que alguien se aprovechó de ti, quizá recordar un padre o una madre que te abandonaron emocionalmente, quizá esa primera vez que tuviste que pagar por sexo.

Este post refleja del diálogo que escucho a diario en mis clientes y que, en algún tiempo, hace años, yo mismo tuve. Una sensación de infinita amargura, seguido de espejismos del pasado, castigos auto infringidos, pesimismo, acumulación de información sin tomar una decisión concreta para proceder con orden, impaciencia, ganas de tomar valientes decisiones radicales seguidas de momentos de desoladora cobardía.

Yo no busco convencerte de la vida perfecta, no busco decirte que serás un millonario rodeado de las más hermosas mujeres, sólo que si empiezas hoy en algún momento en 5 o 10 años, recordarás, como yo lo hago, el momento preciso en que todo empezó cambiar, en que llegaron las subidas con sus bajadas, en que empezaste a renovar tu mente y ver las cosas de otra forma. Esa es mi labor, mostrarte que en toda historia hay un momento en que escoges repasar el pasado o construir nuevas experiencias que serán nuevos recuerdos.

No espero sonar optimista, ni dejarte con una sensación positiva. Busco ser pragmático. Busco mostrarte que todo lo que describí en los párrafos anteriores son los síntomas de pensamientos y emociones que surcan tu mente y que se han vuelto patrones en tu vida. Busco mostrarte que necesitas perspectiva, que necesitas otros ojos desde los cuales mirarte, que necesitas la voz y el método de alguien que ha ayudado a construir historias extraordinarias y que ha resucitado proyectos de vida muertos.

Ese es mi trabajo.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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