El eterno escepticismo a las nuevas alternativas para cambiar

Publicado en Ene 24 2018 - 5:13pm por Álvaro Bonilla

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Una de las cosas más particulares que encuentro en los entrenamientos que doy a hombres tiene que ver justamente con un fenómeno producto de la mente ansiosa.

Ya lo he dicho antes, pero la raíz del 90% de los problemas que tienes con las mujeres tiene que ver con la mente ansiosa, básicamente porque es aquella que sientes como una voz interna crítica y preocupada responsable de que no tomes acción.

Por ello antes de que la gente salga a hablar con personas desconocidas lo primero que hay que hacer es trabajar y ajustar esa mente ansiosa. Lo que uno ve en los entrenamientos dirigidos por muchachos PUAS es que los sacan a la calle y las cosas funcionan por ese día, pero luego regresa la incapacidad de salir, de socializar. Generalmente hasta consiguen los famosos números telefónicos y no son capaces de llamar, de conversar, de salir. Simplemente la razón es que la mente ansiosa sigue allí, intacta, ni se le ha tocado, estos inexpertos entrenadores ni se han dado cuenta que existe.

Por ello suelo considerar a la mente ansiosa como un enemigo invisible, que es incluso responsable de la mayoría de comportamientos tímidos. ¿Por qué?  Porque la ansiedad lleva a que las personas se escondan, no se expresen, se queden guardados en sí mismos, completamente avergonzados y críticos respecto a cómo los verán, qué pensarán de ellos. Con una ansiedad bajo control el tímido puede llegar a ser un hombre carismático, extraordinario conversador, una persona con una vida social abierta, saludable, sin los constantes reclamos de una mente que le cuestiona absolutamente todo.

Y de esto, justamente, va este post. Usualmente la mente crítica del ansioso es tremenda, su enemigo está adentro, carcomiendo cualquier iniciativa, destruyendo cualquier deseo de confianza, de riesgo, diciéndole “no puedes, porque eres feo, estás viejo, eres desagradable, nadie se fijará en ti, eres un perdedor, eres homosexual, todas te ven como un hombre asexual”. ¿Cómo es posible seguir adelante con una mente semejante?

En general es usual que la gran mayoría de riesgos que uno les invita a tomar los cuestionen, siempre acuden a una mente racional que les dice cosas como “no funcionará, no tiene lógica, está delirando, es contradictorio, acá en esta cultura no funciona, pareceré un tonto, quedaré en ridículo.”

Y entonces, por lo general siempre que les da uno una recomendación o una sugerencia, siempre llega cargada de una actitud de incredulidad francamente decepcionante, y tienes que sentarte a combatir racionalmente esos argumentos y casi a convencer a la persona que es algo que merece la pena intentar.

Mi reflexión es: si vas a emprender un cambio en tu vida, si tú sientes que lo que has hecho en tus relaciones con las mujeres no te sirve, necesitas abrir tu mente, necesitas empezar a tomar riesgos, necesitas tener un marco mental de “probemos a ver si funciona”, no “no probemos porque no funcionará”. El primer marco te lleva a actuar, el segundo marco te lleva a sacar la carta de la ansiedad y quedarte en tu casa, pensando y pensando, absolutamente sólo.

Casi todo lo que escuches que te lleva a cambiar tus hábitos, a emprender acciones de acuerdo a objetivos, a desafiar tu lugar cómodo o incómodo, implica hacer cosas diferentes, en general cosas que te generan disonancia cognitiva, cosas que no encuentras lógicas porque están muy separadas de lo que tú has creído como real. Si toda la vida has sido programado cultural  o familiarmente para ser un tipo bueno y suave en tus relaciones y llego yo y te digo “hey, dile que no”, “no la llames sino hasta en un par de días”, “sé muy directo y coquetea con ella”, “no la llames a después del sexo a invitarla a salir sino a invitarla a volver a tener sexo”, es algo que no te va a generar una contradicción cognitiva: tus creencias contra un nuevo sistema de creencias.

Ante la disonancia cognitiva usualmente es normal volvernos al sitio seguro, retroceder y decir “ok, prefiero no tomar riesgos y seguir haciendo las cosas a mi manera, gracias por tu buena intención, pero prefiero hacerlo a mi manera”. Es típico, y lo veo como una reacción normal fruto de la atracción gravitatoria a la cual estás sujeto por una vieja forma de pensar, unos hábitos inculcados en ti y reforzados a través de premio y castigo.

A ti que me lees, te quiero invitar a que este año te tomes la licencia de darle curso a tu disonancia cognitiva probando y experimentado nuevas formas de hacer las cosas, nuevas formas de comunicarte con las mujeres, nuevas formas de trabajar en ti mismo. ¿Qué puede pasar? Que intentes y descubras que puedes aprender, que puedes mejorar, que las cosas no son tan malas como aparecían en tu mente, que las técnicas, estrategias y marcos mentales funcionan, que no son tan complicados, que las personas no son tan complicadas y tan temibles como aparecen en tu mente. Comprobarás que si bien puedes fallar, la energía que has sacado de haberlo intentado movió toda tu emoción y la llevó a un lugar fantástico de descubrimiento y excitación que hace mucho no sentías. Y te dirás “wow, valió la pena, quiero seguir tratando.”

Si quieres lograr cosas grandes, extraordinarias, y que valgan la pena tienes que volverte un amante de los procesos, más que de los resultados. Las personas que sólo buscan resultados son aquellas que siempre están buscando el atajo, que siempre están buscando técnicas manipulativas y engañosas, que siempre están buscando el tip de revista, los que están dispuestos a copiar la personalidad de un rata para tener sexo con alguna mujer ingenua.

Y de eso no va la seducción inteligente, al contrario, va a que conquistes tus propios espacios sin conquistar, que te adentres en tus propios miedos, que escuches las conversaciones críticas de tu mente ansiosa, que empieces a dejar de cuestionar aquellas acciones que nos han funcionado a los que conocemos de la mente y el comportamiento humano. La mente crítica es importante para no ser engañados, y ciertamente debemos mantenerlos alerta, pero la mente crítica y excesivamente racional también nos puede llevar a la parálisis por exceso de pensamiento. Porque tenemos la costumbre de que las cosas primero nos tienen que hacer sentido en la mente para luego que se vean en la realidad y no es así.

Y para finalizar te pongo como ejemplo el proceso de mental de la idealización: que es básicamente armarte una película estilo Disney con un final feliz donde ella es la mujer princesa, valiente, generosa, única, angelical, especial, un tesoro, sin fallas, sin defectos, y por ello la pones en un pedestal. Y pasas mucho más tiempo pensando e imaginando y alimentando esta fantasía de estar con una esta mujer única en lugar de conocerla, y de abrirte a la experiencia de conocer realmente la luz y la sombra de una mujer real. Lo que tu mente hace es cultivar una fantasía de perfección que ella jamás podrá cumplir, y que además te llenará de una inmensa inseguridad porque ¿Cómo sería posible que una mujer tan divina se fije en alguien tan perdedor como tú?

Lo que tú ves como una serie de pensamientos, fantasías e ilusiones, yo lo creo como una serie de indicios de un crimen, donde la víctima eres tú, y el culpable es la ansiedad.

Y deseo que podamos seguir sorprendiendo a esta ansiedad con las manos en la masa. Que tu puedes ver los indicios de su perversa presencia en tu vida y los crímenes que comete al tenerte secuestrado en una vida que no te hace feliz.

Y deseo que juntos la exterminemos.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

Álvaro Bonilla.

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