Los horizontes de la sinceridad 1: La franqueza

Publicado en Ene 17 2014 - 3:16am por Álvaro Bonilla
Hace unos cuantos días se me armó la grande por un comentario en donde le indiqué a un amigo, en un video que hizo, que estaba pasado de kilos. Mi comentario sincero y franco buscaba que tomara conciencia de que su aspecto personal había desmejorado, que quizá su salud estaba descuidada y, a la manera de una campana, quise avisarle de algo  que quizá la mayoría de personas no le dice, porque le da pena, porque se sienten mal.
¿Qué pasó con la mayoría de réplicas a mi comentario? Pues nada, me dijeron que era un superficial, que no era espiritual, en fin. Lo que ello me deja ver es algo de lo cual deseo hablar y es que somos demasiado autocomplacientes y las personas francas y directas en el fondo parece que no nos gustan. Gran ironía, porque luego nos quejamos de que nadie nos dice las cosas como son, que las personas son hipócritas y demás.
Pues bien, pienso que uno de los rasgos del seductor, y en general de la persona enfocada al éxito, es que es franco respecto a lo que piensa y a lo que hace. La gran mayoría de personas  vive en el disimulo, en la corrección política, en buscar no quedar mal, en decir las verdades a medias. La gran mayoría no está preparado para escuchar cosas directas. 
Antes de continuar debo confesar que no siempre fui así.
Antes de iniciar este camino era una persona bastante indirecta, dada a ser pasivo y poco asertivo. Era una persona que aguantaba y aguantaba, que no le decía las cosas a las personas en la cara y que por ello me veía sometido a que hicieran cosas que me desagradaban una y otra vez. Por ejemplo, que fumaran en mi presencia, que no me dieran las gracias por algo que por cortesía merecía, que me cobrarán más de lo debido, que se burlaran de alguna forma, que me tocara quedarme hasta el final de algo cuando hace rato quería irme.  Eso se llama no ser asertivo, es decir, no tener la capacidad de afirmar tu voluntad. Una de las primeras cosas que agradezco a este camino es que me ayudó a saber que lo que yo pensaba y quería era importante, y que no debía intimidarme porque quizá pensara que era inadecuado o que iba a ser desaprobado.
En realidad me costaba mucho expresar directamente y sin rodeos mi opinión sobre algo cuando iba en contra de lo convencional y de la aprobación social. Se podría decir que cerca del 80% de las personas busca ser aprobado socialmente, no nos gusta pensar en contravía a la mayoría. De este principio se aprovecha el marketing, indicando que al 99% de los odontólogos les gusta una marca, los políticos, cuando dicen que un candidato tiene mayor intención de voto y las personas luego deciden votar por el candidato mayoritario para no “perder su voto”, y por supuesto las religiones.
Cuando expresaba mis opiniones lo hacía en términos vagos, con eufemismos o expresiones disimuladas, o con verdades a medias. Usualmente decía cosas como “eso está como medio mal” o “puede mejorar muchísimo” o “no resulta tan bueno”, o “está regular”, que son expresiones bastante débiles y no comunican concretamente lo que está mal y tratan que ser sinceras y a la vez quedar bien.
Cuando eres así en tu vida ciertas consecuencias negativas sucederán:
1. Eres bastante complaciente, buscas dar gusto a las personas y estás demasiado pendiente de lo que piensan de tí, hasta el punto de que te pones mal si ellos están mal contigo. Y esto se amplifica enormemente con las mujeres, te aguantas lo indecible con tal de estar con ellas. ¡Vaya debilidad de carácter! Recuerdo un episodio en particular, en general me disgusta bastante la música vallenata contemporánea, me aguanto algunas canciones y puedo disfrutas algunas otras, pero no más de tres canciones. Y un día acompañé a una novia a un sitio que se llama “la trampa vallenata”, pues tal cual, era una trampa, tuve que soportar 8 horas de ruido, música y centenares de canciones vallenatas. Casi muero. Hoy día eso ya no pasa, si no me gusta algo pues  no voy. Punto. Y no me ando con disimulos como que estoy ocupado, o que “me encantaría ir pero desafortunadamente no alcanzo”.
2. Derivado de lo anterior, al no ser directo te vas con excusas, disimulando la dureza y contundencia de tu opinión. No dices que no te gusta ir a fiestas porque te parecen estúpidas, sino que simplemente dices que “son geniales y allá llegaré” y resulta que nunca lo haces. Prefieres quedar mal por incumplido pero nunca admitir tus verdaderas opiniones.
3. Te pones en situación de clara desventaja, siempre terminas por ceder, siempre eres presa de los desconsiderados y terminas por soportar cosas que no debes. Y eso te lo tienes que tragar, y créeme eso se va a acumulando, si no lo sacas resultarás enfermando o desarrollando comportamientos pasivo agresivos. No le dices las cosas a tus compañeros de oficina y se les pasas todo lo que te molesta, pero a la pobre mesera que tuvo un accidente y derramó un vaso en tu chaqueta casi la matas.
4. No obtienes lo que quieres, no eres directo, luego entonces te da pena, te intimida pedir lo que quieres. Y créeme que en la vida si no vas por lo que quieres vas a ver cómo otros se comen lo mejor del pastel. Como dice el personaje de Tom Cruise en la película Magnolia (interpretando a un patético maestro de la seducción) “la vida no se trata de lo que quieres o de lo que necesitas, sino de lo que te ganas”. Si no pides lo que quieres y cómo lo quieres perderás muchas oportunidades y vivirás insatisfecho. Y esto es clave en escenarios tales como la seducción y el sexo. Imagínate a una persona que desea sexo oral de su pareja si le da pena pedirlo directamente, ¿Cómo lo dirá? ¿Acaso dirá algo así como que quiere “besitos por allí”? Créeme que será un poco infeliz al andarse con tanto rodeo y pensando cómo decir las cosas sin que suenen rudas.

Es frecuente ver que en la seducción no van por lo que quieren, porque no son frontales, directos, no aceptan que te gusta alguien y no actúan.

5. Puedes dar campo a que otros se aprovechen de ti. Cuando no dices nada pues las personas asumen que estás de acuerdo, como dicen por allí “el que calla otorga”, y si no dices que algo no te gustó pues es que te gustó y te las arreglas con eso. Eres el que espera a los que siempre llegan tarde, el que soporta a los fumadores, el que aguanta el volumen alto de la música del vecino, el que se acomoda a que lo sobrecarguen de trabajo, el que soporta a una novia cansona, o al chistosito de turno que decidió hacer chistes de ti.
En general las personas reaccionan de formas diversas ante alguien directo, he descubierto tres, pueden haber más:
1) Reaccionan a la defensiva: Le dices a alguien “hey, cuida tu salud te he visto con sobrepeso”,  y te dicen “¿y ya te miraste al espejo?” o “a ti qué (inserte grosería aquí) te importa (inserte otra grosería aquí). No aceptan que quizá la intención del comentario es positivo y de una responden a la mala. Son personas poco resistentes a la crítica y a auto examinarse. Si no está de acuerdo bien podría dar un verdadero argumento como “pues mira que recién fui al médico y estoy en mi peso ideal, de hecho antes estaba bastante bajo de peso”, y se acabó el problema.
Acá hay un punto importante, no todas las personas que actúan de forma sincera buscan algo positivo, es frecuente ver que buscan hacerte quedar mal tu autoestima o sacar ventaja para ellos, en este escenario la respuesta también debe ser clara de tu parte para desenmascarar su intención. ¿Cómo notarás la buena o mala intención? Cuando identificas un patrón y un contexto. Por ejemplo,  notas que siempre te dice alguien algo en presencia de otros, o te dice algo en presencia de mujeres, o ataca lo que “eres” tu identidad y no tu comportamiento. Cuando ello ocurra debes ser firme en defenderte y en mostrar que su forma de hablar no es decente.
2) Resentirse y guardarla en su venenoso corazón. Las personas usualmente detestan a aquellos que son directos, y usualmente los catalogan mal, fácilmente como criticones o insoportables. Steve Jobs era una persona bastante directa en lo que decía, de hecho si lees la biografía escrita por Walter Isaacson puedes encontraste con un Jobs bastante directo, frecuentemente a los extremos (ya hablaremos de ello). Volviendo al punto, algunas personas que detestan la sinceridad te catalogarán como su enemigo.
3) Personas que se asustan por lo que dicen, y aunque piensen lo mismo siempre optarán por la aprobación social. Puede que a las personas les moleste un fumador, o estén cansadísimos de estar en una fiesta, pero lo dices tú y a continuación miran las reacciones de los demás y siempre se van con la mayoría. Son los tibios, ni fríos ni calientes, si los demás están de acuerdo pues ellos están de acuerdo, pero si están en desacuerdo ellos están en desacuerdo. En las oficinas se da eso a diario.
4) Personas que te apoyan y que están encantadas con encontrar por fin sinceridad en un mundo solapado. Así que encontrarás personas que adoran a las personas que no se reservan una opinión sincera y van por ello que desean con claridad.
Miremos algo: ¿importa acaso lo que piensen las personas? Si y no. Sí, porque tampoco puedes caer en el extremo de hacer morder el polvo a las personas y ser desconsiderado con sus sentimientos.  Y no podríamos pensar en un mundo absolutamente sincero, sería un poco insoportable, y podríamos enfrentarnos a la crítica constante. Si tu abuelita te hizo un platillo con mucho amor no deberías llegar y decirle “qué mierda de almuerzo abuela”. Debes ser un poco considerado y quizá decirle algo más sutil “le falto sal abuelita, para la próxima échale más”. Siguiendo con la abuelita, si tu eres ateo no deberías llegar a decirle “y tú rezándole a esas estatuas de plástico abuelita”, lo que podrías hacer es que si ella te invita a rezar tu le diras “abuelita sabes que mis convicciones religiosas son diferentes, respeto las tuyas y prefiero abstenerme”.
Si alguien se equivoca no deberías tampoco machacar la herida, deberías decirle su error y mostrarle cómo debe hacer, no deberías humillar o decirle cosas que ataquen su identidad (“eres un imbécil”) sino dirigirte a su comportamiento “actuaste de forma irresponsable, estoy muy decepcionado, esperaba muchísimo más, no quiero más descuidos de tu parte en tal y tal cosa”. Ser directo no significa ser irrespetuoso o agredir a la otra persona.
Continuando con lo anterior, la opinión de los demás no importa en la medida en que si sientes algo y sientes que debes expresarlo deberás decirlo para actuar con congruencia contigo mismo. Si se pusieron bravos, se enojaron, creen que eres un gran cabrón, allá ellos, tú simplemente afirmas lo que piensas respecto a algo.
En términos de PNL lo que haces es buscar pasar de ser un “igualador” a ser un “diferenciador” y básicamente para ello me funcionó el modelamiento, es decir, encontrar a personas que son francas, sinceras y aprender de la manera en que lo hacen. Aunque suene divertido, algunas de esas personas para mí fueron el personaje de ficción de Dr. House, Simon Cowell de American Idol o Factor X, incluso el Cheff Gordon Ramsey de Hell’s Kitchen (aunque como todo modelo debe ser visto con cierto grado de distancia y criticismo, sino serás un imitador barato, en los casos puntuales tomé lo que consideré y deseché lo que no iba con mis principios ni lo que soy). También tuve un jefe mexicano que nos hablaba de “amor apache”, basado en el “porque te quiero te maltrato” y era una persona bastante exigente y bastante directa en la forma de dar retroalimentación. Era durísimo trabajar con él. Decía las cosas claritas, tal como son, no era fácil, pues sueles consolarte con diferentes pensamientos autocomplacientes en los cuales sientes que tu eres perfecto y que él está equivocado y es un cabrón. Es normal, el ego intenta protegerse y  Cuando dejas de sentirte el ombligo del mundo pueden dejar ese orgullo que te impide empezar a mejorar de una vez por todas.
¿Cómo aplico eso a mi vida? Diciendo lo que pienso, pidiendo de forma clara lo que deseo y siendo muy honesto con mis clientes sobre lo que espero de ellos y sobre los elementos en los que deberían crecer para lograr los resultados esperados. Recuerdo algún cliente que llegó a decirme que era un afamado ejecutivo, con un excelente ingreso pero con dificultades para las mujeres, con toda sinceridad le dije “si no me hubieras dicho eso hubiera pensado que eras el mensajero de alguna empresa de comidas rápidas”. Fue un comentario bastante fuerte, pero era lo que necesitaba, no proyectaba el poder ni la posición de decía ostentar, por allí era donde deberíamos empezar, eliminando la incongruencia y acercándolo a una versión mejorada.
Algunos son bastante críticos con ese estilo, pero te aseguro, durante muchos años seguí la corriente, desde hace otros cuantos digo las cosas claras y como son sobre las cosas o sobre las personas. Si alguien me pide mi opinión, y aunque no la pidas, te la daré si siento que puede ser importante para ti y que te puede llevar a una toma de conciencia en tu vida. Puedes estar seguro de mis mejores intenciones y que no intento sacar ventaja personal o humillarte de forma intencional para quizá sacar ventaja frente a terceros o a otra mujer, eso se llama juego sucio y personalmente lo evito.
Continuaré el próximo post con el tema, y hablaré de la manipulación  a propósito de la seducción y un método muy popular últimamente llamado el “modo uno”.
Que comience la acción!

Hasta la próxima!