Los horizontes de la sinceridad 3: Algunos síntomas de la presencia manipuladora

Publicado en Ene 28 2014 - 12:39am por Álvaro Bonilla
Martina, era una mujer extraordinariamente bella, con unos senos perfectamente diseñados por un cirujano plástico que se los regaló luego de unas cuantas de noches apasionadas con él y la promesa de ser su amante.
Cuando era niña, Martina aprendió que todos los hombres, empezando por su padre, tíos, abuelos y primos se rendían a sus pies. Era una niña rubia, con los ojos verdes y una mirada fría y superficial que parecía inofensiva. Nadie quería dejar de mirar aquellos ojos, y todos hacían lo imposible por congraciarse con su tierna belleza. Las mujeres en cambio envidiaban a Martina, sus primas, hermanas e incluso su madre se dieron cuenta que la niña empezaba a notar que ella podía controlar la realidad a través de sus deseos, y que bastaba alguna actitud, una cierta mirada estudiada para que todos se rindieran a sus deseos. Juguetes, viajes, ropa, accesorios, perdones y olvidos, todo le era concedido. Las mujeres de su vida rivalizaban con ella, eran las únicas que se resistían a sus deseos, por lo cual ella empezó a acusarlas, empezó a mentir para quitarlas de en medio y no tener resistencia, críticas o simplemente alguien que le dijera la verdad a la cara.
Mientras crecía parecía que los genes de Martina se aliaban para hacerla una mujer hermosa, en su adolescencia ella decidía, ella escogía, ella hacía todo lo que había aprendido para manipular a los hombres, a esos mismos hombres que había aprendido a manipular cuando ni siquiera lo recordaba. Descubrió que todos reaccionaban exactamente igual ante ella, con deseo, con miedo, como sus esclavos, y ella sabía que entre menos ofreciera de sí más deseos de poseerla generaba en los hombres. En ese punto las mujeres ya no importaban, sólo era ella armada de unas sofisticadas armas de manipulación masculina.
Un día me la encontré. Y mi mente entrenada no percibió lo que los demás hombres percibían en ella. Inmediatamente descubrí a una manipuladora consumada: sus movimientos, su voz, sus ligeras microexpresiones, todo estudiado para conseguir que yo como su entonces profesor la dejara pasar mi materia. Y operé de acuerdo a mi entrenamiento y mis valores, viéndola a lo profundo, sin ceder a sus artimañas, sin estremecerme ante su evidente atractivo. Descubrí que era una mujer vulnerable, una experta actriz que tenía un miedo enorme a perder sus atributos y a ser desenmascarada.
Luego descubrí que de tanto pensar cómo manipularme, primero con sus notas y luego para atraerme y demostrarse a sí misma que podía hacerme caer, terminó obsesionada por mí. A mí me encantaba escucharla, sin que ella lo supiera cada pregunta mía buscaba saber la génesis de su comportamiento manipulador, y ella me contaba su vida, sin saber que deseaba adentrarme en cómo pensaba una mente semejante, qué sentía al subyugar una voluntad, qué pensaba cuando obtenía lo que quería una y otra y otra vez. Martina fue una mujer que me caía muy bien, pero su alma estaba dañada, y yo ya tenía cicatrices de viejas guerras con almas así.
Un día, luego de intentar besarme, me gritó que sabía que yo estaba obsesionado por ella, que sabía que mi curiosidad se debía a que la deseaba y no quería admitirlo por el clásico dilema del profesor enamorado de su alumna. Le dije que eso no era más que una proyección de su propio deseo por mí, que era ella quien estaba obsesionada y que lo mejor era dejarnos de hablar por su propio bien. Le dije que entre los dos jamás podría existir nada, porque no era mi tipo de mujer, porque prefería las mujeres voluptuosas, y que ella no ajustaba dentro de mi tipo de mujer por ser una mimada manipuladora.  Fui franco, así como deseaba que una mujer fuera conmigo cuando no había química. Insistió, pero mi vida ya me había mostrado que las manipuladoras rara vez cambian, y que aunque parezca que tienes el poder… no se… quizá es una artimaña más intrincada de su mecanismo. Si me hubiera encontrado cinco años antes seguramente la historia hubiera sido diferente.
Ese año terminé mi trabajo en esa universidad. La última vez que la vi, sus pechos habían crecido unas cuantas tallas y se había enrollado con un médico que luego se volvió cliente mío. Supe que su mecanismo había evolucionado. Quien sabe, quizá era cierto su gusto por mí, nunca lo sabré si era un juego mental más o algo auténtico, aunque cuando miro atrás creo que sin pensarlo hice las jugadas que en el papel desestabilizan a una mente como la de Martina. En aquel momento supe que lo más peligroso para un manipulador es que te resistas a caer en sus garras, en ese momento eres tú quien gana el poder, aunque ello está bien lejos de ser una victoria.
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Hoy quiero continuar con esta serie de publicaciones dedicadas a la sinceridad y la honestidad como armas privilegiadas de la seducción inteligente. Y quiero ya empezar a tomar la curva de llegada al final, que me llevará algunos post que publicaré los días lunes. Y quiero seguir profundizando en la manipulación, entre otras razones porque pienso que el modelo de seducción que propongo busca generar autenticidad en nosotros los hombres y trascender definitivamente el pensamiento que dice “como no atraigo a las mujeres entonces mejor las manipulo para que caigan en mis garras”. Es como aquel hombre que tiene que emborracharlas para acostarse con ellas, porque en sus cinco sentidos ni les habla ni ellas le ponen atención. En la seducción entonces se cree que se debe tratar de engatusarlas para que sean seducidas. Algunos buscan eso, y otros piensan que para seducir hay que ser como esos magos que hipnotizan personas en la calle, y no es así. Es simplemente influir en el marco de percepción con los estímulos naturales que tu tienes.
Influir sobre alguien es diferente a manipular a alguien. Hay diferentes grados de manipulación, y aunque así como todos hemos mentido, todos hemos manipulado en la vida. Algunos con intenciones positivas, aprovechando situaciones en propio beneficio pero sin mayor consecuencia en términos de un perjuicio a la otra persona. Sin embargo muchas veces la manipulación es empleada por verdaderos profesionales, por personas, que han logrado identificar los principales impulsores de la conducta humana y han logrado aprovecharla para su beneficio. Mi intención en este post es que descubras tendencias manipuladoras en ti y que también puedas identificar a mujeres que deseen manipularte en tus relaciones y hombres y mujeres manipuladoras en tu vida laboral.
La manipulación usualmente se da cuando nos damos cuenta de que la otra persona tiene cierta sensibilidad y vulnerabilidad que la hace susceptible a ceder a lo que deseamos de forma desventajosa. Por ejemplo, cuando nos damos cuenta que alguien tiene necesidad de algo que tenemos o cuando alguien se aprovecha de nosotros porque se ha dado cuenta que nos gusta mucho. Estoy seguro que  más de una ha sacado ventaja de ti cuando has mostrado demasiada evidencia de interés y gusto. Cuando este gusto no es correspondido y te encuentras con una manipuladora ella honrará su naturaleza e intentará sacar ventaja de ti.
Recuerdo a un cliente mío, un médico cirujano, que estaba abrumado porque se había descubierto incapaz de finalizar una relación tormentosa con una mujer, vieja conocida mía y pésima en temas académicos, la cual parecía haberlo anulado. Cuando llegó a mi consultorio vi a un hombre que reclamaba volver a tomar las riendas de su vida tomando las decisiones correctas. Esta mujer había desarrollado tal influencia en diferentes espacios de su vida que lo tenía anulado y estaba sacando provecho de su dinero y de las oportunidades que él tenía para beneficio de ella. Él lo sabía, pero no podía dejarla, tenía miedo a quedar solo, un miedo irracional y que nunca había sentido ya que era adinerado, atractivo y con un historial largo de conquistas en las cuales él era el quien estaba al mando. Él se había vuelto esclavo de ella, el juego había cambiado y ella tenía el control. Ella había encontrado a su hombre ideal: un pendejo que había perdido contacto con sus propios huevos y a cambio de sexo había invertido una fortuna en ella.
Te doy algunos síntomas que pueden mostrarte que has dejado de decidir por ti mismo y que estás bajo la influencia de otra persona, amigos o mujeres que no te permiten decidir lo mejor para ti:
* Sientes que alrededor de esas personas pierdes espontaneidad.
* Sientes que en tu vida has perdido el entusiasmo
* No te sientes relajado en presencia de esas personas
* Sientes que has perdido la confianza en ti mismo
* Ha crecido una sensación de vacío interior o carencia
* Dudas de sí estás pensando de forma correcta
* Alrededor de esa persona te sientes culpable o con vergüenza
* Esa persona te aísla de otras
* Sientes que tus prioridades han cambiado para ser darle gusto en todo a esa persona
* Sientes una voz autocrítica que suena muy parecido a la de esa persona
* Dejas cualquier cosa, por importante que sea, por hacer algo que a esa persona le complace (y no hablo de sexo)
 * Temes quedar mal con esa persona, por lo cual te presionas para darle gusto o quedar bien con ella
* Deseas cortar esa relación pero no sabes cómo y cuando lo intentas esa persona te hace sentir culpable, ingrato, desagradecido o el malo de la película
* Tus finanzas y vida social han desmejorado desde que esa persona está en tu vida
* Cuando esa persona se equivoca terminas siendo tú quien pide perdón
* Sientes que la por más que lo intentas esa persona nunca está satisfecha contigo (lo cual ya supone un problema de complacencia que tú tienes, pero bueno…)
* Sientes que en esa relación tú pones más que ella, a quien sientes más pasiva y demandante
* Cuando la complaces te “premia”, cuando no te “castiga”
¿Cuál es el problema con el manipulador? Que en el fondo es un gran inseguro que opera a través de la manipulación solapada para defenderse y adaptarse al mundo, la manipulación para él es un mecanismo de sobrevivencia. La manipulación es un sistema inmaduro de influencia, era utilizado cuando éramos niños y tratábamos de influir en nuestros padres haciendo una pataleta o llorando, porque no teníamos mejores medios de expresión, el uso del lenguaje era muy básico y nuestras habilidades sociales eran elementales. Al madurar el uso de nuestra influencia debería ser más confianza en nosotros mismos y más inspirada en el beneficio mutuo, no en la mentalidad del estafador que pide cosas sin dar nada a cambio, prometiendo en lugar de cumplir.
El manipulador utiliza estrategias de comunicación confusas que le permiten no ser directo y a la vez no comprometerse, por lo cual mucho queda bajo la interpretación del receptor y al evidenciar la táctica manipuladora la persona podrá decir que fue un malentendido y que nunca pretendió decir aquello de lo que se le acusa.
El próximo lunes detallaré las técnicas de comunicación que emplea el manipulador y cómo deberás estar alerta para desenmascararlo si sientes que están sacando ventaja de ti.
Que comience la acción!

Hasta la próxima!