Miedo a la intimidad y a las relaciones

Publicado en May 28 2015 - 5:22am por Álvaro Bonilla
¿Qué pasaría si te dijera que aunque deseas con todo tu corazón hacer algo, tienes otra instancia de ti mismo que desea todo lo contrario?
Pues bien, una de las explicaciones a la resistencia a obtener resultados es tener a nivel inconsciente una creencia de sentido opuesto al deseo que tenemos.
Por ejemplo: Mientras que por una parte deseas tener una mujer a tu lado, por otro lado descubres que no quieres una relación y que son más tus miedos a conseguir esa relación que tu deseo genuino por alcanzarlo.
En mis sesiones he encontrado esto mil veces, básicamente lo resumo así: personas con un deseo enorme que abandonan a las primeras de cambio, resisten experimentar, exponerse, relacionarse. Su motivación de acción les dura un par de semanas, y luego retroceden y se refugian en la lectura incansable, mirar youtubers de day game, y buscar en alguno de los muchos libros que leen la fórmula mágica para acercarse a una mujer en un dos por tres.
Hoy quiero trabajar el miedo a las relaciones. Un miedo que he visto en el 90% de los casos y que tiene un sentido lógico porque es un tema desconocido para unos y traumático para otros. Voy a contarlo a través de la experiencia de dos de mis clientes:
Cliente 1 – Carlos: Llegó a mi consulta buscando como objetivo principal una relación larga y duradera. Empezamos a trabajar en la ampliación de su círculo social, luego a partir de allí nos enfocamos en tres mujeres con las cuales sentía química y atracción. Y luego, cuando la cosa iba avanzando, empezó a dar una serie de excusas y al final cuando le faltaban dos pasos simplemente buscó todos los puntos negativos en ellas, y retrocedió todo lo avanzado.
Con Carlos trabajamos en que sus objeciones y defectos encontrados a las mujeres no eran más que una excusa para evitar enfrentar un temor mayor: enfrentar una relación de pareja, por ello, era preferible buscar algo malo en estas mujeres antes de seguir.
Un saboteo, en toda regla.
Como coach soy capaz de distinguir entre objeciones superficiales y objeciones profundas, las superficiales enmascaran las profundas, que son las más importantes, las más difíciles y donde está el demonio principal, usando una metáfora mitológica. Son como capas de miedos, y conforme vamos profundizando encontramos lo que es capa y lo que es núcleo.
Cliente 2 – Roberto: Roberto era un aficionado al gimnasio, tenía un muy buen cuerpo y esa era su herramienta principal de seducción. Son de esos que tienen en su Facebook una foto de su torso y sus abdominales. Y resultaba que era muy exitoso con las mujeres. Me pareció interesante que me buscara para temas de seducción, porque su problema no eran las mujeres, sin embargo lo que él buscaba era una relación duradera, estaba cansado y agotado de relaciones de una noche, y sentía un impresionante vacío. En los momentos más importantes estaba solo, y además estaba cansado de atraer a las mismas mujeres superficiales que atraía.
Roberto era claramente un hombre superficial y por ello atraía a mujeres superficiales, inconstantes, perezosas y sin deseos de establecer una relación de más de una semana. En lo que te enfocas es aquello que atraes. Empezamos a cambiar el posicionamiento de que tenía Roberto frente a las mujeres, es decir, la oferta que él les hacía. Si antes él se centraba en su propio cuerpo y en la rumba, íbamos a trabajar otra clase de aproximación, más centrada en moderar su apariencia con otra ropa, y trabajar conversación. Empezamos a trabajar en cultivar una personalidad interesante y carismática, que resistiera una conversación larga. Trabajamos en apertura emocional, empatía y en posponer el placer. Es decir, hacer todo lo que indica que estamos haciendo un juego para una relación de largo plazo. Más conocimiento, más empatía y tomarnos más tiempo para, en el momento adecuado, activar el deseo y desarrollar el enamoramiento mutuo.
Pues bien, todo iba perfecto, hasta que Roberto empezó a manejar una ansiedad enorme, el sentirse enamorado, el sentir que una mujer le era recíproca en un nivel tan profundo lo asustó. Me contaba que sentía náuseas, que vomitaba, que temblaba cuando estaba apunto de encontrarse con ella. Fue tanto que terminó incumpliéndole citas.
Trabajamos en ello, descubrimos su punto ciego con las relaciones de pareja, y nos dimos cuenta que el demonio estaba empezando a asomar cuando la relación con esta mujer era aún más inminente.
Acá abro un paréntesis y tengo la firme creencia que muchas de esas mujeres que de repente se pierden, que luego de mostrar mucho interés y deseo, de repente cambian, también tienen el mismo problema: algo las ataja, algo las frena, una fuerza gravitacional impide que despeguen y se entreguen. Y esa fuerza de llama miedo a las relaciones y a la intimidad.
Si no tienes una relación de pareja con las mujeres no es casualidad, no es mala suerte, no es destino, tiene una razón muy particular y mi misión es ayudarte a encontrar ese punto ciego. Revisemos algunos de sus síntomas:
1. Miedo a perder espacio y autonomía: Zigmund Bauman en su ensayo “Amor líquido”, menciona la paradoja de la soledad que sentimos en la modernidad pero a la vez el deseo de ser autónomo sin tener a alguien que nos limite y nos controle. Para muchos, de forma inconsciente, las relaciones son vistas a prioricomo algo controlador por naturaleza.
2. Costumbre de estar sólo: Cuando llevas años estando solo es natural que hayas construido toda una serie de hábitos y rituales en torno a ti mismo, frente a los cuales es difícil salir y romper ese espacio-muros-cárcel y abrirla para otra persona.
3. Miedo a mostrarse tal cual se es: Cuando estamos demasiado tiempo solos desarrollamos un complejo que yo llamo “complejo del fantasma de la ópera”, y es un temor a ser vistos, un miedo enorme a mostrarse frente al otro, que nos conozca, que hurgue en nuestras vidas, que nos mire detenidamente, que se acerque mucho. Y en ese miedo nos volvemos reactivos y somos nosotros mismos los que nos alejamos o los que rechazamos. Demasiada soledad termina por dañar la percepción que tenemos de nosotros mismos y por deteriorar nuestra autoestima.
4. Miedo a la falta de experiencia: Insisto: aunque socialmente se supone que uno debe haber tenido muchas parejas, en la realidad es algo que no importa demasiado si estás dispuesto a experimentar. Muchas mujeres tampoco han tenido muchas parejas (y no, no son las menos bonitas), y muy pocas te descalificarán de plano por decirles que has tenido poca experiencia. De relación en relación se va sumando y haciendo el kilometraje que deseas.  Lo importante es que te abras al cambio que supone un nuevo hábito de estar con otra persona.
5. Ansiedad frente a la aproximación emocional: Tal como le pasaba a mi cliente Roberto, entre más se acercaba una mujer más ansiedad le generaba y más tenso se ponía, ella lo notaba y terminaba saboteando algo que era prometedor. Esa ansiedad se expresa con sensaciones emocionales y sobre todo físicas (sudoración, náusea, temblor), y representa la expectativa frente a algo nuevo, frente a la mirada del otro y su cercanía. La ansiedad para conocer a una mujer es una cosa, pero la ansiedad de dejar que entre a nuestra vida es un tipo de ansiedad mayor.
¿Qué hacer?
Primero, debes preguntarte si te saboteas con las mujeres, si tienes tendencias a buscarles objeciones o defectos, a refugiarte en creencias sobre ellas que te protegen y que siguen dejándote sólo. Segundo, debes revisar tus miedos respecto a la falta de experiencia, y enfocarte en lo que quieres lograr, no en lo que te falta. Y si sientes que te falta mucho pues infórmate, lee y consulta fuentes de autoridad. Por último, enfócate con determinación en la meta y busca ayuda si es necesario. Identifica tus propios patrones y enfócate en encontrar la manera de superarlos.
Personalmente, cuando yo mismo tuve estos problemas, la visualización me ayudó mucho, imaginar lo que deseaba, imaginar los escenarios de compartir con otra persona. También sufrí ansiedad
Para tener una relación hay que abrir una puerta invisible, y en casos como los que hemos sufrido dificultades con nuestras habilidades sociales y con nuestras relaciones con las mujeres, hay una combinación de esa puerta que no hemos querido, consciente o inconscientemente abrir. La combinación se llama madurez emocional, y la vamos alcanzando con trabajo personal intenso y con las mujeres que van llegando a  nuestra vida.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

 

 

 

 

 

¡Hasta la próxima!