Por qué te ponen a esperar por sexo

Publicado en Ago 10 2015 - 11:14pm por Álvaro Bonilla
En este camino de la seducción me he encontrado frecuentemente con una realidad que es bastante molesta para mis lectores y para mis clientes, es la siguiente: las mujeres que les gustan tienen la molesta costumbre de hacerlos esperar por sexo.
Y literalmente los ponen en una situación de mendigar por sexo, o de cultivar el hábito de la paciencia hasta que ella desea tener sexo con ello.
Sé que muchas feministas se me vendrán de cabeza al decirme que las mujeres son dueñas de su cuerpo y que son libres de decidir cuándo y con quién acostarte.
Completa y absolutamente de acuerdo.
De verdad.
Pero con lo que no estoy de acuerdo es utilizar el evidente deseo de un hombre para ponerlo en el congelador, hasta que ella sienta que él o ha esperado lo suficiente o “se lo ha ganado”.
Y qué cosas de la vida, estos comportamientos se unen a hombres con una personalidad más bien débil y con una necesidad que se sale por los poros.
Y llegan y me dicen “Naxos, cómo hago para que ella y yo nos acostemos. Ella siempre me saca una excusa, o me deja llegar hasta primera base pero nada más”.
En algunos casos no sé qué es eso de la “primera base”, en serio a veces me imagino que es tomarse de las manos.
Y los hombres empiezan literalmente a enloquecer y a correr la carrera de la rata, haciendo un montón de esfuerzo pero sin avanzar. Y ellas van afilando aún más su maquinaria manipuladora (cuando hablo de “ellas” me refiero a las mujeres que son así, que por fortuna no son todas).
Cuando una mujer te hace esperar por sexo, mi querido amigo, al final el sexo no vale la pena.
En serio, la espera no vale la pena.
Cuando una mujer se comporta haciéndote esperar por sexo te está mostrando que no hay una relación recíproca, y peor aún, que ella no se siente tan atraída hacia ti. El sexo es una reacción química espontánea entre dos personas, no es un proceso de negociación. Cuando una mujer auténticamente te desea encuentra el momento, la hora, el lugar y el pretexto. Incluso cuando eso va en contra de sus creencias, de sus miedos, simplemente su naturaleza se ve dirigida a ello. Así luego se arrepienta, y en un momento de más calma crea que se equivocó. Cuando el deseo existe es irrenunciable.
La vida diaria muestra cómo el sexo se impone al tabú, la prohibición, los compromisos, los lazos, los contratos y simplemente se da. Como sea.
Muchas de esas mujeres que te dicen que aún no, que primero les definas qué quieres, las que dicen que están heridas, son las que cuando llega el hombre indicado y lo desean simplemente no se pueden resistir, o tienen que hacer esfuerzos heróicos para “no caer en tentación”.
Te repito, te estoy hablando de la vida diaria, del mundo real, no de cómo deberían ser las cosas, de las mujeres que se guardan y demás. Claro, hay muchas que son bastente reprimidas, y cuya sexualidad se encuentra sepultada generalmente debajo de creencias religiosas, y ellas suponen un gran riesgo, porque aun cuando tenga sexo su expresión es bastante cohibida y bastante prejuiciosa.
Muchas te dicen “es que no estoy con cualquiera”, y muchas de ellas a la primera y con el hombre indicado se encuentran desnudas en su cama diciendo “oh por Dios, qué hice”, y seguido de risitas cómplices.
Esa es otra racionalización producto de un proceso de deseo inexistente, o demasiado débil, y que no se procesa ni por el cerebro réptil –instinto-, ni por el sistema límbico –emoción-, sino por la corteza, que le encuentra una y mil objeciones.
Con el hombre correcto una mujer puede ser una diosa sexual Afrodita, necesita sentir el deseo, permitírselo y no tener alguna patología del tipo histérica o manipuladora. Biológicamente hombres y mujeres tenemos la misma susceptibilidad al deseo, sin embargo las expresiones culturales nos han hecho a nosotros ser más activos y a ellas más pasivas. Pero al final si hay deseo las cosas simplemente pasan.
Me preguntarán: ¿pero y la resistencia de  último minuto? Personalmente pienso que obedece a 8 razones:
1. No hay suficiente deseo y se siente que es algo menos pasional y más bien algo forzado por el hombre. Por esta razón ella SE LO PIENSA.
2. Creencias fuertes religiosas, que nuevamente, hacen que la intimidad se vea etiquetada como algo pecaminoso.
3. Último intento manipulador para ver hasta dónde llega el hombre
4. Mujeres “calienta huevos”, que pretenden ser sexuales pero al final no lo son tanto
5. Inseguridad personal, recuerdos del pasado, inseguridad con el cuerpo, que lleva a que el deseo se “racionalice” y se apague.
6. Te ve como un hombre no dominante del cual es posible tomar ventaja, y el lugar que debería ocupar el deseo en su mente lo ocupa el análisis de lo “que te falta”.
7. De alguna manera sienten que puedes esperar, que no eres algo urgente, seguramente porque siente que su valor es superior al tuyo. No hay valor igual.
8. La sexualidad para ella es concebida como parte de un pre-acuerdo para un compromiso mayor
Como ves, no es un proceso de deseo natural, sino un proceso de deseo racionalizado, pensado, reflexionado, argumentado. La respuesta de las escuelas rata es que el hombre sea aún más manipulador y finja “no quererlo” para que ella diga “ah bueno, entonces sí, hazme tuya.”
En esto yo voto por ser genuino, si te ven la cara de “puede esperar”, vete de allí y no regreses ni siquiera cuando te lo pida desnuda. No presión, no caer en el juego de la manipulación, no acoso, simplemente largarte con una mente de enorme abundancia y la creencia que el sexo es expresión del deseo natural y consentida que sea da o no se da.

 

 

 

 

 

Ay pero Naxos, que radical, pero hay que esforzarte un poquito, ¿no?
Exacto, por eso es que te ponen a esperar y te entretienen con poquito mientras “te lo ganas”.
El deseo se siente o no se siente, así de sencillo, eso es de ON o OFF. Si estás pensando en las palabras mágicas para “convencerla” es que no has comprendido, y tu necesidad te está llevando a suplicar sexo, aunque creas que no lo haces. Cuando estás demasiado tiempo con una mujer esperando por intimidad, estás suplicando y te estás dejando manipular, o en el mejor de los casos estás soportando su desequilibrio.
Estás perdiendo tu tiempo, tus recursos emocionales y también si inviertes en ella, también pierdes tu dinero. Por negociar sexo estás negociando en contra tuya. El mecanismo masculino que se hace presa de esto es la propia necesidad.
El deseo genuino y visceral no se puede negociar.
No es un tema de “estar cómodo” o que “ella esté cómoda”, el sexo y la posibilidad del mismo nos pone en una situación límite, dolorosa, incómoda, es casi violento en el sentido que es algo que nos saca de la comodidad. Y el deseo urgente es algo emocionalmente complejo, repleto de contradicciones, de curiosidad, de morbo, incluso de inseguridad,  con una cosa clara: querer poseer y ser poseído. Por eso es que yo digo que poniendo a las personas en la situación incómoda logras más que haciéndolas sentir cómodas (y no hablo acá de empatía o algo así, tema que luego trataré).
Muchas mujeres no quieren sentir la comodidad, cuando las sacas de ahí las conectas con algo que tenían cubierto: su deseo. Tu las conduces allí siendo incómodo, inoportuno (ojo seductor rata que me lees, no significa ser acosador, ojito), las confrontas, las provocas. Para eso hay que ser algo más que un tipo pasivo esperando a ver qué le botan. Y esto más que técnica es un estado de la mente.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!
¡Hasta la próxima!