Tres creencias nefastas para tu comportamiento seductor

Publicado en Sep 9 2015 - 12:57am por Álvaro Bonilla
La PNL tiene un concepto, que la verdad sea dicha no lo creo Bandler ni Grinder, de hecho lo creó la psicología sistémica, que dice así:
El mapa no es el territorio
Y es algo que se repite mucho por todos lados pero que a veces no le sabemos encontrar su verdadera implicación.
Básicamente significa que el mapa es una representación, pero que el mapa no es igual a la ciudad, no es la ciudad misma.
Cuando hablamos de cambio y transformación es importante saber que las creencias no son hechos.
Te pondré un caso muy sencillo. Una amiga mía me vio tomando agua con gas, y me dijo “Pero ¿cómo tomas eso? Si el agua con gas sabe horrible”. Le pregunté: “A mi me parece deliciosa, y a continuación la invité a experimentar y tomar de mi botella de agua con una frase del estilo “a que no te atreves a probar de este delicioso manantial, heladito y burbujeante”, que además estaba tremendamente helada. La tomó y me dijo “está horrible”, luego dijo “ven le doy otra oportunidad, dame un sorbo”. Y luego se tomó casi toda mi botella. Ahora su bebida favorita es el agua con gas.
Es un ejemplo tonto. Ojalá cambiáramos nuestras creencias tan rápido. Pero nos permite ver dos cosas. Una cosa es la creencia  y otra diferente es un hecho. Mi amiga tenía una creencia sobre algo, desafío su creencia al probarla en otro contexto, se dio la oportunidad de ponerla en duda y luego dice que el agua con gas es deliciosa. Si nunca se hubiera dado la oportunidad nunca la hubiera probado y, en teoría, siempre hubiera dicho que el agua con gas es horrible.
En mis clientes he visto algunas creencias que hoy deseo que empecemos a desafiar, porque en ellas encuentro una relación causa-efecto. Algo así como: “no tengo éxito con las mujeres por____________________”.
Y la gran mayoría de veces son absoluta mentira. Excepto por algo que yo llamo el “efecto comportamental de la creencia”, es decir, lo que haces por cargar tu creencia.
Creencia número 1: No consigo mujeres porque soy feo. En mi libro La Seducción Inteligente, hay un aparte que se titula “eres feo  y lo sabes”, y bien, hablo sobre algo y es que en nuestra cultura hispana sólo el 10% de hombres y mujeres puede considerarse atractivo físicamente, el 25% es normal, y un 65% es feo. El mestizaje aunque obró ciertas mejoras la mayor parte de la población no es atractiva, y tú y yo nos incluimos allí. 
Así que el problema no es ese. El problema es tu actitud frente a ti mismo, tu grado de amor y aceptación total. No hay sino que salir a la calle para ver a toda clase de bellezas y atractivos emparejados.
Creencia número 2: No consigo mujeres porque es que no tengo experiencia. Pues bien, todos han tenido su primera relación sin haber tenido experiencia. Es algo que pasa una primera vez y ya. Seguramente, en este caso, sientes que ya estás demasiado “viejo” para no haber tenido tu primera experiencia. Y ello sí que realmente resulta castrador para muchos. Sienten que las mujeres los desaprobarán y pensarán que son anormales por no haber tenido una relación.
Y aunque hay mujeres que son así, hay otras muchísimas a las que ello no les importa si en verdad les atraes y te desean.
Creencia número 3: No consigo mujeres porque hay algo realmente mal en mi, y eso ellas lo perciben. Mira, cuando personas como tú y como yo, hemos tenido dificultades en encontrar nuestro juego con las mujeres, no es porque hubiera algo intrínsecamente mal asociado a nosotros, que fuéramos raros, anormales o lo que sea, es simplemente que no  habíamos dominado una serie de comportamientos sociales y emocionales. Es todo. Nada que no se pueda aprender o practicar. Pero para muchos conforme pasa el tiempo sienten que algo muy malo pasa con ellos, y se tensionan más y se dañan aún más su juego. Es como si cayeran víctimas de un embrujo, de una hechicería mental que sólo lleva a más rechazos.
El problema con creencias semejantes es que te dañan tu comportamiento. Actúas de forma débil, inferior y tremendamente necesitada. Como si no merecieras el amor. Te sientes Cuasimodo del Jorobado de Nuestra Señora. Y lamentablemente proyectas tal inseguridad, tal inferioridad y tal falta de confianza y amor, que resulta evidente para una mujer que eres débil.
Aunque uno escuche cómo las mujeres ponderan y se ven fascinadas por los hombres atractivos que hay por allí. La realidad es que ellas se pueden enamorar de un hombre por algo más que su atractivo físico. Recuerdo dos anécdotas de mi época universitaria donde no me levantaba ni un resfriado.
Anécdota 1: En aquella época pensaba y creía firmemente en que para conquistar a una mujer debía ser físicamente grande, acuerpado y musculoso. Y me avergonzaba que era bastante flaco, y me ocultaba detrás de mucha ropa para que no se vieran mis visibles huesos. Intenté de forma muy débil acercarme a una mujer, mi mente me decía que era imposible, y efectivamente lo fue. Al cabo del tiempo la vi saliendo con un tipo más flaco que yo, pero que además presumía de ello, vestía como camisetas esqueleto, camisas de manga corta y pantalones entubados. Pero era evidente, incluso para mí, que este tipo tenía muchísimo más juego que yo, y sobre todo que se aceptaba tal cuál era. Eso para mí, en el nivel de inseguridad de aquellos días era simplemente inconcebible.
Es más, ella le decía “mi flaquito hermoso”.
De hecho con el tiempo una de las personas que modelé fue a este personaje. Su confianza era increíble y su orgullo de ser quién era, su orgullo de sus imperfecciones fue algo que me ayudó mucho en mi proceso de Reinvención Personal.
Anécdota número 2: Este caso lo viví a distancia. Había unos semestres adelante mío una mujer bastante atractiva, de las más apetecidas en la facultad. Ella siempre muy segura de sí misma, transmitía una distancia que ya clasificaba a quienes se le acercaban, para mí ella si estaba a verdaderos años luz de mí, algo así como que tenía que volver a nacer para tener alguna opción. El caso es que estuvo con los hombres más atractivos de la universidad y era una mujer famosa por estar en las mejores fiestas de la ciudad.
Hasta que en algún momento llegó con un personaje de la nueva era, vestido todo de blanco, con rasgos indígenas, con estrabismo y con unas gafas de culo de botella impresionantes, cabello largo, negro y crespo. En la facultad evidentemente para muchos fue un escándalo, hasta sus amigas le decían que qué hacía con semejante “chimbilá”, que era la palabra usada en ese momento por ese grupo para referirse a un hombre muy feo. Pues nada, esta mujer estaba totalmente enamorada de este tipo, pero sobre todo de su estilo de vida. Por puro morbo nosotros íbamos a escucharle los domingos que daba cursos de yoga, y un domingo de esos fui y les vi a los dos absolutamente enamorados, de hecho, ella cambió su estilo de vida por él, se volvió vegana, meditaba, creía un montón de cosas nueva era.
Algún día la vida me dio el gusto de conocerla más profundamente cuando empecé a hacer mis prácticas profesionales. Y como una de las herramientas que más me ha ayudado es preguntarle a las mujeres por lo que les funciona o no, le pregunté que él cómo la había conquistado y me dijo algo sorprendente que aún atesoro. Ella me dijo: “el jamás me vio ni pensó que yo fuera una mujer muy bonita. Y aunque en un principio él me pareció muy feo, me hizo ver que tenía algo demasiado hermoso, y hoy me parece divino”.
Así funciona la realidad mi amigo. Quizá la realidad de tu limitación por la creencia que posees te dice otra cosa, y esa realidad y lo que te dice es lo que hay que desafiar. Mi cambio personal se dio cuando comprendí eso y desafíe las tres creencias, porque yo mismo las tenía, todas, me sabía no atractivo para ellas, me sabía sin experiencia y creía que algo en mí estaba muy mal o muy dañado. Y ello me llenaba de unas emociones de desesperanza y angustia. Simplemente veía el camino muy largo, interminable.
El peso de las creencias sobre el comportamiento es francamente determinante. Es increíble el poder limitante que ejercen y sobre todo, el tiempo que te hacen perder porque proyectas tu energía quizás más a la queja, a la crítica o a la comparación que a mejorar tus actitudes, tu proyección, tu poder personal, tus habilidades sociales y tus habilidades emocionales.
Te quiero dar tres recomendaciones que a mí me ayudaron y me ayudan en otras cuestiones:
1. Acostúmbrate a cambiar la queja por el agradecimiento. En el día a día entrena tu mente a encontrar más razones de agradecimiento que de queja. Yo, producto de tales creencias, había desarrollado una rabia interior muy fuerte y un deseo de hacer justicia, porque sentía que era injusto lo que me pasaba. Entrené mi mente a buscar motivos de agradecimiento, de gratitud y fue algo que cambió mi mirada frente al mundo, y me volví alguien que sabe que aunque algo malo pase lo puedo cambiar y mejorar.
2. Trabaja en el reconocimiento personal. La mente presa de ciertas creencias es una máquina de crítica hacia uno mismo. Es increíble. He encontrado personas que ni siquiera pueden verse al espejo. Y ello es porque la mente no para de criticar. A mí me pasaba igual, y al igual que lo anterior, entrené a mi cerebro para reconocerme al menos tres cosas positivas al día, tanto a lo interior como a lo exterior. La fórmula es así: “Reconozco que soy/estoy/tengo/puedo________________________” o “Me siento orgulloso de mí mismo porque soy/estoy/tengo/puedo____________________.”
3. Trabaja en evitar la comparación automática. La mente está entrenada para comparar, y ese programa es tremendamente poco útil cuando de autoestima y felicidad se trata. Porque somos felices hasta que nos comparamos con alguien que tiene más y mejor. El economista conductual Dan Ariely tiene un potente libro llamado “Las trampas del deseo” y habla de ello. Y concluye que somos más felices y satisfechos cuando disminuimos la comparación. ¿Qué significa ello? Disfrutar de lo que tienes aquí, ahora y tú mismo.  Yo reemplacé la comparación destructiva del tipo “por qué no puedo tener lo que él/ella tiene” por lo siguiente “me encanta lo que él/ella tiene ¿Cómo puedo conseguirlo?” y me pongo a ello. Trabajo en un propósito o a pensar en el siguiente nivel que quiero tener. Pero lo hago sin meterle algo negativo, sino simplemente como un mayor deseo o una mayor ambición, no como una queja, un reproche o una expresión de envidia.
También comprendí algo fundamental que operaba como un punto ciego para mí: El deseo y la atracción lo perdonan todo.  
Si alguien te desea, se siente atraída por ti, porque lo has generado, sencillamente te aceptará tal cual eres. Sentirá presiones de sí misma y su supuesto “tipo ideal”, de sus amigas, pero si ella está lista, es una mujer adulta podrá dar un paso importante contigo.
Sólo si tu te fijas demasiado en tus supuestos defectos o imperfecciones ellas lo harán en igual medida en el grado de inseguridad que proyectas. Te aseguro que no se fijarán en esos supuestos defectos en el mismo nivel obsesivo en que tú lo haces.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!