Las bases emocionales para la seducción Parte 1

Publicado en Oct 23 2015 - 12:08am por Álvaro Bonilla
Hoy quiero continuar hablando de las estructuras emocionales para la seducción, y en general para el éxito en tu vida.
Te adelanto la conclusión final: la solución a todos tus problemas no es acostarte con mujeres.
Eso eventualmente te ayudará si construyes una autoestima y confianza y si la relación es significativa. De lo contrario sólo estarás poniendo parches a una herida más profunda.
En mi experiencia las personas que hemos tenido dificultades sociales y con las mujeres tenemos algunas variables y características en común, te enunciaré algunas, aunque evidentemente no las abarque todas.
1. Son personas que han sido sobre protegidas en exceso lo cual ha hecho que no sean totalmente autónomas y que tengan una inseguridad esencial, que es posible ver en la cantidad de ruido mental que tienen, incluso cuando las cosas parecen ir bien.
2. Débil presencia masculina, y débil significa un padre distante y con una masculinidad poco imponente, quizá sometidos a su esposa.
3. Madres insatisfechas con sus hogares que han proyectado su dolor a su hijo de dos maneras: o bien diciéndole que se parece a su padre y por ello tratándolo con dureza o distancia, o bien incluyéndolo en la victimización y diciéndole cosas del estilo “nunca seas así con las mujeres.
4. Hombres que en su infancia o adolescencia han sido matoneados, y que por ello se han posicionado de una manera débil, han desarrollado una personalidad víctima frente a la cual se sienten inferiores a un gran número de personas. Otros desarrollan un mecanismo compensador que les hace desear y actuar como un “macho alfa”, y cualquier información al respecto para ellos es un manantial, son los que ante cualquier libro que hable de cómo ser un macho alfa mientras exprimes naranjas corren a comprarlo.
5. Personas con características tímidas, introvertidas que han desarrollado un mecanismo basado en la ansiedad que se dispara en entornos sociales y con mujeres.
6. Personas cuyo mecanismo cognitivo se basa en el análisis, son metódicos e inteligentes, y para todo elaboran complejos códigos que les dicen qué hacer en situaciones. Al ser así están desconectados de sus emociones, su única herramienta es el pensamiento y por ello difícilmente pueden fluir, vivir el aquí y el ahora y conectar.
7. Personas a las cuales les cuesta mucho adquirir disciplinas o nuevos hábitos sociales y emocionales.
Como te digo, no es que los tengan todos, pero los hombres que he tratado cumplen con algún o algunos patrones de los aquí descritos. Todos ellos llevan a una u otra forma a momentos de crisis en los cuales la descripción que me dan es la siguiente:
Es como si quisiera ser otra persona, es como si quisiera salir e irme y conocer el mundo, liberarme, sé que quiero ir a X sitio, también hacer Y. Sin embargo lo pienso y no lo hago”.
Claro, porque la cárcel y los límites son mentales. Y la mente desea volar pero se encuentra encarcelada por la falta de recursos.
Porque la autoayuda nos dice que el problema es el miedo, y pues este no lo es, el miedo es bueno en la gran mayoría de casos, el problema es la falta de recursos para poder enfrentar ese miedo, o para usarlo de otra forma, o para construir lo que yo llamo “reglas de excepción”, que es algo así como “miedo, me sirves para esto, pero para esto prefiero ir sin ti”. Y con ello nos condicionamos a ser arriesgados en ciertos escenarios y en otros hacerle caso al miedo.
El asunto es que no tenemos estos recursos.
Es como si tuviéramos el tubo del agua roto y se saliera el agua a borbotones y nos estuviera inundando la casa. De nada sirve ponerle la  mano al tubo y detener la inundación. Necesitas quizá una llave inglesa, quizá un martillo, o lo cualquier otra herramienta para detener el agua y reparar el tubo.
El agua y el tubo son problemas, pero el mayor problema es no tener la herramienta para arreglarlo.
Por eso la gente paga plomeros, ellos si tienen las herramientas y saben cómo solucionar tu problema rápidamente.
Ahora bien, los recursos emocionales son los más importantes, nos permiten restaurar la autoestima, generar confianza creciente (la confianza no es algo dado ya, es algo que vas incrementando y que vas generando a diario), y sobre todo en este tema de la seducción nos permite también tener criterio para tomar las mejores decisiones para nosotros.
Te daré un par de ejemplos:
Caso 1: Carlos, 42 años, aún vivía con su madre, no había dado el paso a la independencia. Era una persona cuya edad mental era la de un chico de 16 años, consentido, sobre protegido y dependiente de que su madrecita le planchara la ropa, le hiciera la comida y le limpiara el cuarto. Era de estos que también me decía que sentía que no había hecho nada en los últimos años, la misma sensación de haber perdido el tiempo sin haber hecho lo que debería haber hecho.
Las probabilidades de que abandonara su zona de comodidad eran mínimas, casi nulas, o si no ¿por qué no lo había hecho antes? Pues bien, en contra de todo este hombre lo hizo, se fue de su casa. Se independizó.
Pero el problema no era estar en su casa y que su mamá le hiciera la comidita y le tendiera la camita.
El problema no era que él no supiera ni hervir agua, y que no tuviera ni idea de planchar una media.
El problema, realmente, era su edad emocional.
Su personalidad dependiente.
Antes de contarte el desenlace te contaré la segunda historia.
Caso 2: Richard, 32 años, con una historia de tremenda dependencia emocional a su madre, y un patrón de escoger mujeres realmente tóxicas. Su madre le manipulaba premiándolo cuando hacía lo que ella quería y castigándolo duramente (con distancia emocional) cuando no hacía lo que ella quería. Lo que ella quería no siempre coincidía con lo que en esencia era Richard. Y este patrón venía desde pequeño. A diferencia de Carlos, Richard ya era independiente desde que tenía 25, pero conservaba cierto patrón emocional.
Una de las cosas que hacía Richard era mantener una tremenda dependencia emocional de las mujeres con las que salía. Y era demasiado intenso, demasiado cansón, demasiado necesitado de que una mujer le dijera “muy bien, te apruebo”.
Y eso lo manifestaba en comportamientos semejantes a los siguientes:
1. Estar demasiado pendiente del tiempo de respuesta y espacios sin respuesta de su “amada”. Si el escribía un Whatsapp quería que ella le respondiera casi al instante.
2. Si ella no respondía al instante se desencadenaba un sistema de respuesta basado en la ansiedad que funcionaba con ideas como estas:
* No soy importante para ella
* No soy su prioridad
* Ella no me quiere en la misma forma que yo
* ¿Pero por qué esta mujer es así?
3. Su forma de expresar amor no era auténtico y genuino (aunque él pensara que si era así), el expresaba amor y cariño a través de palabras esperando la devolución de las mismas.
-Te amo princesita mía.
-Yo también te amo mi príncipe.
-Eres todo para mí hermosa, divina
-Eres todo para mí mi bebé hermoso y divino
Si este patrón no se daba se generaba el patrón ansioso.
-Te amo princesita mía
-Y yo a ti.
Allí empezaba el desastre, ¿por qué no me dice que me ama también? Y así en todo, buscaba siempre comprobar, chequear, que no es otra cosa que buscar aprobación.
Era tremendamente absorbente y no concebía que su “princesa” quisiera tener una vida.
Por supuesto, cansaba a todas las mujeres equilibradas que se encontraba por allí. Ellas se cansaban del tema de verlo tan débil y de que siempre tenían que estar pendiente del “pequeño Richard”, que seguía actuando como el niño de 7 años buscando que mamita le dijera “muy bien hijo mío, qué orgullosa me siento de ti”.
 Hasta que…
Y acá vamos cerrando historias.
Richard consiguió el tipo de mujer del que tanto le advertí. Consiguió a una mujer que rápidamente hizo un cálculo estratégico del estilo:
“Éste tipo es un inseguro, si le doy de a poquitos aprobación lo tendré aquí conmigo toda la vida. Pero él tiene que pagar mi precio”.
¿Cuál era ese precio?
Que a los dos meses de estar saliendo se embarazó y le dijo “o nos casamos o me voy”. Ella se paró en la raya, y lo ató.
Cuando Richard me contó esto mi única respuesta fue: “por fin obtuviste el grillete que querías”.
Richard ya está tomando conciencia de lo que acaba de hacer, acaba de empeñar su futuro por aprobación, y el grillete de un hijo y de un matrimonio es bien duro de romper.
El problema no es tener hijos o casarse, para nada. El problema es hacerlo bajo las condiciones que el lo hizo, en una relación de dependencia donde su princesa realmente se empoderó de su nivel de princesa y pide todo a sus pies, no mueve un dedo, no hace nada, y espera que su Richard le haga todo. A cambio de un “muy bien Richard, qué orgullosa me siento de ti”. Y cuando no, ella le paga con pataleta y distancia emocional.
¿Qué pasó con Carlos?
Se encontró con una mujer muy del estilo maternal, que le cuida, le cocina y le plancha. Y él sigue descargando en ella todas las responsabilidades, sigue sin ser un hombre, continúa siendo un niño donde esta mujer le resuelve todos los problemas, y una mujer a la que está aburriendo porque se está dando cuenta que este hombre no tiene ambición ni aspiración, que vive en una continua infancia, esperando ser nutrido, arropado y ayudado.
Su problema es que nunca había sido un adulto, nunca había hecho nada por si mismo y buscaba obsesivamente alguien que se ocupara de su vida. Hasta que la encontró, pero siguió sin crecer y sin ver lo evidente, que estaba quizá a un nivel muy profundo, y era empezar a asumir responsabilidades, crecer emocionalmente, ampliar su mente y no repetir el patrón.
La Seducción Inteligente es mirar a todo ello, y como dice al principio, construir unas bases tremendamente fuertes para levantar el edificio de tu personalidad y tus emociones de una forma imponente, fuerte, a prueba de terremotos.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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