El trabajo con el niño interior herido

Publicado en Ene 15 2016 - 1:39am por Álvaro Bonilla
Hace un tiempo me pidieron escribir sobre un tema y es relacionado con las heridas emocionales de la infancia y cómo éstas nos afectan en la adultez, sobre todo a la hora de establecer relaciones saludables y a la hora de enfocarnos hacia las metas. He estado bastante absorbido, de hecho, investigando este tema y aplicándolo a mis consultas, sobre todo cuando hago terapia, no tango coaching.
Y antes de iniciar con algunos preliminares déjame poner aquí una advertencia. Muchas personas con patrones de exceso de pensamiento, suelen acudir a explicaciones desde la psicología para encontrar razones de sus fracasos. Y aunque es un intento legítimo y válido buscar por nosotros mismos la información de por qué nos pasa lo que nos pasa, es fácil que esta curiosidad termine en una trampa que nos hace o bien buscar información sin parar o bien tener clarísimo dónde esta el “problema” sin tener la capacidad de cambiar.
Algo que aprendí muy temprano en el ejercicio de mi profesión es que hacernos conscientes de que nos pasa no necesariamente implica que cambiemos nuestro comportamiento. Esto es tan claro como que el fumador aunque sabe que su hábito puede provocarle un cáncer aún lo sigue haciendo. Los principios inconscientes del comportamiento son bastante resistentes, y traerlos al consciente nos informa más sobre nosotros mismos,  y sin duda es una gran base, pero no nos impulsa al cambio. Me sorprende encontrar personas que la tiene clara y me hablan de su propio autoanálisis, de conceptos psicológicos  y psicodinámicos y a los que encuentro perdidos en sus laberintos de explicaciones sin poder cambiar en absoluto su conducta o los resultados que ven en sus vidas. Para mi como experto en interesante intercambiar estas lecturas que tienen las personas sobre ellas mismas y empezar a traerlas, desde el pasado al presente, para trabajar en estrategias, técnicas y tácticas que les hagan ver resultados.
Así que este post simplemente aspira a que aumentes tu conocimiento de ti mismo y tu consciencia personal, y que te pongas manos a la obra cortando, en el presente, lo que necesites cortar e implementando lo que sientas que es el momento de desarrollar.
Ese niño soy yo, a la edad de 4 años, y ese niño vivió cosas maravillosas y cosas muy duras. Sigo siendo ese niño aunque ya sea un adulto. Aunque he crecido y he cambiado aún soy ese mismo niño. Esa foto soy yo mismo. El niño que hemos sido aún sigue estando en nosotros.
La infancia es un momento tremendamente frágil en la psicología, donde estamos literalmente con mínimos recursos exponiéndonos a grandes aprendizajes del mundo y las personas, pero también a situaciones críticas que si de adultos nos superan muchísimo más de niños.
En mi trabajo personal, en mi camino de ser mi mejor versión, tuve que visitar mi infancia en varios momentos. Tuve que volver a mirar al niño que era y en ciertos momentos recuperarle para bien, y en otros sanarle y abrazarle.
Momentos tremendamente emocionales que me llevaron a ver en mi familia, en mis primeros vínculos, la explicación a las heridas emocionales que cargaba y a ciertos rasgos de personales que podría definir como problemáticos.
Casi todo de lo que no estamos conformes de adultos se encuentra, para bien o para mal en nuestros años de infancia. En forma de trauma o herida o en forma de potencial que teníamos y que fuimos olvidando para volvernos más tiesos y engarrotados, conforme fuimos perdiendo esa flexibilidad de la infancia.  Los niños son tremendamente intuitivos, creativos, sagaces, divertidos y también inocentes y abiertos  a las personas y las experiencias, sin embargo también en la infancia pudimos vivir intensas experiencias emocionales que pudieron marcarnos psicológicamente haciendo que repitamos patrones de comportamiento y relaciones que nos afectan en la adultez.
Básicamente he encontrado las siguientes formas en las cuales nuestras emociones pudieron afectarse y que tienen un impacto directo en nuestras relaciones y el enfoque que tenemos hacia una vida exitosa:
1. La Herida de la injusticia: Ésta herida se da porque cuando somos niños experimentamos un trato injusto, quizá comparaciones con hermanos, quizá situaciones de matoneo o bullying, quizá resultados injustos al esfuerzo. Estas heridas al no poderse hablar de ellas se procesan “crudas” en el inconsciente, y generan rabia, expresada en reacciones desproporcionadas y quizá algo neuróticas en la adultez. Son aquellas personas extremadamente reactivas y que se toman todo absolutamente personal, todo ha sido a propósito y todo les ha pasado por ser justamente ellos.
Esta herida también se da cuando alguien ha sido testigo de maltratos familiares, usualmente al niño le es fácil identificarse con la posición de víctima (usualmente la madre). Esto puede convertirle en una persona demasiado suave y sumisa frente a las mujeres, y si la madre lo utilizó como confidente o paño de lágrimas amplificará su alianza femenina. Será un adulto temeroso de ser claro con una mujer, vivirá escondiendo sus propias emociones y será sumiso y complaciente con ellas.
La herida de la injusticia se expresa con comportamientos rígidos, es posible apreciarlo en personas que desean ser las más importantes y las más poderosas para no ser nunca más las víctimas y hacer las cosas a su manera. Les es difícil controlar su rabia, aunque a veces la pueden enmascarar detrás de un comportamiento noble o dulce. Ésta herida es posible verla en aquellas personas con tendencias fáciles  a la rabia y el resentimiento, en el caso de la seducción es fácilmente visible en aquellos hombres que sienten rabia absoluta hacia el género femenino y que se sienten en un mundo donde ellas ponen todas las condiciones y son unas perfectas enemigas. Corrientes misóginas más o menos moderadas les atraen para expresar su resentimiento.
¿Qué hago como terapeuta en estos casos? Lo primero es trabajar la rabia, es imposible conectar cuando sientes rabia, incluso de forma sutil. Es imposible tener una relación saludable cuando sentimos que el otro puede ser por naturaleza injusto. Lo que hago también es diversificar sus comportamientos, para eliminar la rigidez y el deseo de control absoluto. Personas así caen como moscas en miel cuando leen cosas como “el método infalible para llevar a las mujeres a la cama”. Es preciso para ellos trabajar su inteligencia emocional, su rabia y su creatividad a la hora de conectar.
2. La herida de la humillación: Ésta experiencia está relacionada con abusos en la infancia, tanto físicos como psicológicos, comparaciones, ridiculización, vergüenza por su aspecto físico o rasgos personales a actitudes. La reacción de este niño ha sido replegarse y avergonzarse por ser quién es, básicamente se cuestiona ¿por qué soy así? Como ves es una respuesta diferente a la anterior, pues el niño herido por injusticia reacciona con rabia o entierra la rabia, mientras que el niño humillado reacciona con vergüenza de ser quién es. El efecto en el adulto es la inseguridad, la excesiva timidez, los comportamientos ensimismados, la indecisión, hoy quieren algo mañana no lo saben. Son aquellos que se sienten inadecuados, extraños, que son los culpables incluso cuando han sido víctimas (me trató mal porque yo no la traté como una princesa).
Éste adulto también es tremendamente dependiente, busca para compensar su vergüenza la adulación, la alabanza, el ser reconocido, por lo cual es bastante narcisista y egocéntrico. Es tremendamente orgulloso, y secretamente le gusta ver a los demás sufrir por lo que también puede llegar a ser cruel. Es fácil que este adulto se haga cargo de los demás hasta el punto de que carga con los problemas de otros, y esto en relaciones es tremendamente contra producente, pues busca personas problemáticas de quienes hacerse cargo, las atrae naturalmente.
Carga secretamente creencias de no merecimiento, de no ser digno, de ser poco importante, de ser inoportuno, por ello sufre para tener iniciativa valiente. Es tremendamente pasivo y manipulador.
Con estas personas trabajo su núcleo de identidad, es necesario hacerlo consciente de sus rasgos y que se atreva a expresarlos y vivirlos. Trabajando nuevas configuraciones de lo que quiere ser gestionando la libertad de expresarlo en nuevas conductas. Otra cosa fundamental es trabajar con su independencia emocional, limitando su tendencia a cargar con la vida y problemas de otros, sobre todo de las mujeres.
3. La herida del rechazo: Ésta es una herida muy frecuente, cuando el niño ha sido rechazado antes de nacer o cuando alguno de sus progenitores expresa rechazo directo o tácito al pequeño. Ésta es una herida importante por cuanto cuestiona el ser y estar en el mundo ¿por qué estoy aquí? ¿por qué existo? Este niño cuando es adulto suele percibir un profundo sentimiento de vacío, desarrollando la creencia interna de no merecimiento. Siempre está alerta de pequeñas señales, incluso inexistentes, de rechazo y vive con un resentimiento hacia los demás que le lleva a aislarse.
Es el clásico evasivo, no se enfrenta a situaciones diferentes, más allá de las que se siente cómodo, no es sociable, tiene una voz hipercrítica de sí mismo, usualmente en forma de voz crítica que se dirige hacia todo lo que hace. También es una persona experta en abandonar lo que inicia. Le cuesta conectarse con el placer, y tiene una gran dificultad de ver las cosas buenas de la vida, es un adicto al sufrimiento. Cree que no es bueno para muchas cosas o para nada, que lo que dice o hace carece de importancia para los demás. Se siente rechazado y también se rechaza a sí mismo. Tiende a copiar a otros para ser aceptado en ciertos círculos y tiene un aura de poca autenticidad que genera desconfianza.
Es un adulto que se castiga, ya sea haciendo cosas autodestructivas como anulándose a partir de la crítica. Es como si creyeran que tienen que castigarse por ser quién es.
Con estas personas suelo trabajar con mindfulness, amplificando su consciencia de sí mismo y la capacidad de disfrute en lo sencillo. También gestionando la voz crítica y desarrollando voces amables y cariñosas. Ésta es una persona demasiado frágil cuando encuentra un amor honesto y verdadero, suele rechazarlo o por su visión de túnel no verlo, incluso odiarlo pensando ¿Cómo puedes querer a alguien como yo? Aquí el trabajo en amor propio es intenso, pues es posible encontrar personas que incluso evitan mirarse al espejo. Tiene algo que yo llamo el “síndrome del fantasma de la Ópera”, algo que también comparte con quien tiene la herida de la humillación, y es que necesita esconderse, huir, evitar, cubrirse. El tema es amor propio y bondad hacia sí mismo.
4. La herida por el abandono: El abandono puede ser real, aunque incluso sea transitorio. Quizá perdió a alguien amado, quizá una mujer importante en su vida, madre, abuela, cuidadora se fue o murió. Es una herida muy frecuente y más ahora donde es fácil que las madres no atiendan a sus hijos por el trabajo. Estas personas tienen un miedo amplificado a la soledad, pero es mayor el miedo a perder lo amado, de tal manera que antes de ser abandonados ellos huyen primero. Si por cosas de la vida es alguien que atrae mujeres y relaciones, las terminará en los momentos más intensos, cuando se siente amado o cuando está enamorado, produciendo heridas profundas en estas personas.
La soledad es lo más temido y suele ser autodestructivo, caótico, desordenado en soledad. Es como si sintiera que necesita a alguien más que le complete. Es radical en sus relaciones, del todo o nada, cualquier cosa que hacen los demás lo ve como una tremenda ofensa y termina excusándose en ello para huir.
Es una persona con la que trabajo el compromiso, la capacidad de ser incondicional y aceptar a los demás, y a sí mismo, tal cual es. Es una persona que necesita aceptar sus emociones más profundas, amor y enamoramiento, sin que lo abrumen, es decir debe trabajar la inteligencia emocional.
A modo de conclusión quisiera decir que en nuestra infancia hacia mucho potencial, seguido también de mucho dolor que ha afectado nuestras emociones y la forma de relacionarnos, además de nuestra identidad. Trabajar con el niño interior es que nos lleva a lugares difíciles, pero que nos permite sanar, y nos permite encontrar lo mejor de ese niño, lo que quizá perdimos: la creatividad, espontaneidad, la risa, el juego, la metáfora, muchas cosas maravillosas. Como les he dicho yo tuve que pasar por esa visita a mi pasado, por cosas que viví en mi infancia y que me marcaron, sin embargo siempre que visité a ese niño lo hice pensando en cómo podía ayudarme en mi presente y hacia mi futuro, no lo hice simplemente para explicar el por qué era como era de adulto, eso de poco sirve.
Si alguien desea trabajar enfocadamente esta área como parte de su desarrollo emocional y personal, y porque siente que allí hay algo fuerte que le limita siéntase libre de contactarme, como experto puedo ayudar a trabajar en el pasado para encontrar potencia para el hoy, acá encuentras más información.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!
¡Hasta la próxima!
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El próximo sábado 30 de Enero deseo invitarles al primer webinar gratuito del año y el tema será “Acelerador de logros: Hacia una vida extraordinaria”, ya les contaré la próxima semana la forma de participar, y el link para conectarse.

Acá puedes descargar y escuchar el audio: