Reflexiones sobre las relaciones de pareja

Publicado en Ene 12 2016 - 1:49am por Álvaro Bonilla
Hola a todos, hoy inicia para mi el nuevo año en términos de escritura y de producción para el blog. Me he tomado diciembre y parte de enero para descansar, vivir y contemplar la realidad que me rodea, enfocarme en mis clientes, leer y estudiar estos apasionantes temas del desarrollo humano.
Hoy quiero empezar hablando de las relaciones de pareja. Si le preguntara a los hombres que siguen esta página qué buscan, pienso que la gran y abrumadora mayoría me diría que quieren establecer relaciones con mujeres. Apuesto que poquísimos me dirían que sólo quieren un teléfono, o que sólo quieren una segunda salida, o que sólo quieren hablar un poco con ella.
La gran mayoría apunta a una relación de pareja.
Y es lo que menos consiguen.
Y es para mí el mayor reto como experto ayudarles a tener esas relaciones que ansían y esperan. Es mi reto observar qué les ha detenido en su camino.
Y una de las herramientas más útiles que he encontrado ha sido la introspección sobre mis propias experiencias.
Aquellos momentos en mi vida, cuando transitaba este camino como aprendiz y en las cuales deseaba una relación.
Recuerdo cómo eran de difíciles aquellos momentos de estar sólo en diciembre, recuerdo que algunos años estaba totalmente amargado, en otros estaba irracionalmente esperanzado y casi sentía presentimientos de que todo cambiaría en el siguiente año, casi podía oler el perfume del siguiente gran amor que encontraría.
Y el siguiente año todo se diluía en una mezcla de inacción, idealismo del más barato y simples fallas de estrategia, además de una falta de consciencia de mi mismo increíble.
En un primer momento, cuando empecé a tener éxito, empecé a conectar muy rápidamente con las mujeres, a tener relaciones rápidas y masivas, podía salir con varias y el tema sentimental parecía resuelto. Pude ampliar el círculo social, darme el permiso de salir más y simplemente fluir con ellas. Me di cuenta que podía ser romántica y sexualmente aceptado sin mayor inconveniente. Vencí la barrera mental que me decía que tenía que “luchar” porque las cosas íntimas pasaran. Simplemente empezaban a pasar rápidamente.
Claro, en el párrafo anterior omito muchísimo del ensayo y error, de las pruebas, del encontrarme y encontrar mi estilo que me llevó a ese punto en el que estableces conexión rápidamente. Eso quizá será cuestión de otro post, y además ya lo he puesto en varios lugares de este blog. Pero el caso es que pude encontrar un buen ritmo y empecé a sentirme mucho más eficaz en el tema, y ello llevó a que fuera más valiente y más arriesgado y resultaba teniendo muy buenos resultados.
Sin embargo escondía un gran miedo aún, un miedo que aún no había trabajado y al cuál no había mirado de frente: el miedo a ser rechazado en una relación de largo plazo. Para ello me conformaba con no cultivar relaciones románticas, simplemente salía con varias personas y yo era el que rechazaba.
Algo así como rechaza antes de que te rechacen. Un patrón tremendamente común a la hora de buscar excusas para seguir cortejando o saliendo con una mujer: “es que es mi compañera de trabajo”, “es que yo soy muy mayor”, “es que soy muy menor”, “es que parece ser un desastre”, “es que parece no ser muy equilibrada”. Un montón de excusas y prejuicios simplemente para rechazarlas en mi mente y quedar algo más tranquilo. Una vía muy elaborada de la mente para evitar el rechazo.
Es más, en aquella época advertí un mayor temor, y era el temor a enamorarme. En mi código de creencias de alguna manera estaba instalado que debía evitarlo a toda costa porque allí el mundo se me pondría patas arriba y sufriría.
Mi equivalencia era: amar es igual a sufrir. Enamorarse es equivalente a un problema.
Sin embargo no escogemos nuestros sentimientos y afectos y resulté enamorado fuertemente por primera vez en muchísimo tiempo. Mi patrón anterior era el de un amor idealista-culpable-resignado-impotente, lo expliraré:
Idealista: Creía que esa mujer era la mejor del universo sin siquiera conocerla. Ponía en ella lo que yo quería encontrar y lo que necesitaba y por ello tenía una visión de túnel donde sólo veía lo bueno en ella.
Culpable: Suprimía la atracción sexual y la volvía algo más “espiritual” o “profundo”, por lo cual eliminaba de mí mismo el deseo y lo volvía un apego. Yo mismo decidía, hipócritamente, verme como el mejor hombre del mundo, el más bueno, y evitaba reconocer mi más profundo deseo sexual (o ganas de hacerle de todo por todas partes y en todo lado).
Resignado: Había creado una propia mitología trágica de víctima en el cual ya sabía con antelación que fracasaría y sufriría. Ya me veía como un trágico personaje de comedia romántica, sólo, viendo a la chica marcharse y de fondo escuchando una triste canción indie.
Impotente: Simplemente no hacía nada por tener esa mujer. Aunque saliera con ella, activamente no hacía nada para mostrar mi interés y deseo, y simplemente especulaba en mi mente con los mil y un escenarios.
Y pues claro, ese marco de conducta restaba por completo el tema del atractivo. No era que no les gustara, simplemente no emitía ninguna señal y me especializaba en mostrarme completamente neutral, bondadoso y asexual.
Pues bien, era normal, natural y cotidiano que simplemente no pasara nada, y que pronto las viera desfilar de la mano de otro, alimentando mi sensación de ser injustamente tratado por ellas, por la vida, por el destino, los dioses y lo que fuera, lo cual también alimentaba mi mitología trágica.
Obviamente con todo ese historial resultaba natural que tuviera cierta aprehensión a las relaciones y que tuviera cierta prevención a la hora de establecer algo de largo plazo. Y esto se amplificaba al momento de enamorarme de alguien. Mi mecanismo de excusas se activaba.
Sin embargo sucedió que cierto enamoramiento fue aún más grande, junto con mi curiosidad de dar el siguiente paso hacia una relación de pareja. Con ello llegaba naturalmente una compañía indeseable: la ansiedad y los fantasmas del viejo YO.
Aceptar que debía enfrentarme a las relaciones de pareja no fue nada fácil, y duramente mucho tiempo lo pospuse animado por placenteras y breves relaciones ocasionales.
Sin embargo debía enfrentar esa terrible ansiedad y ese miedo a ser rechazado. Debía enfrentar la creencia de que si me miraban demasiado cerca me rechazarían. Por eso había desarrollado minuciosamente una apariencia superficial ante la cual temía mostrar un Yo más profundo. La verdad tuve que empezar  a hacerlo y confiar en que era atractivo a un nivel muy profundo. Tema que llevo un buen trabajo, por fortuna animado por que estaba sin dura muchísimo mejor que antes.
Al tener mis primeras relaciones cometí ciertos errores que te quiero compartir:
1. Fue inevitable para mí en un principio ser complaciente e idealizar esa primera relación. Era como si hubiera encontrado el Santo Grial y no quisiera que nadie me lo quitaba. Ello me hizo dependiente y absolutamente predecible.
2. Si, por decir algo, la noche anterior habíamos formalizado y acordado tener una relación de noviazgo, al otro día yo actuaba como si no hubiera mañana. Era demasiado demandante y necesitaba constantemente la verificación de que todo iba bien, que ella de repente no había amanecido pensando en que ya no quería estar conmigo. Por ello para mí era importante que si yo le decía algo bonito o amoroso ella lo respondiera igual. Como te imaginarás el resultado no era el mejor, porque incluso en el caso de las mujeres más enamoradas sentían que yo simplemente las abrumaba.
3. Tuve que luchar con fuertes síntomas de ansiedad, náuseas, vacío en el estómago, ideas obsesivas en mi mente, que me entorpecían sentirme a gusto en la relación. En mis dos primeras relaciones realmente esto se volvió un tormento personal.
4. Al tener miedo del abandono o el rechazo y repetirme la idea delirante de que “simplemente no lo soportaría” me volvía demasiado vigilante, temía que si dejaba un espacio vacío ella vería la realidad y se iría detrás de alguien más. Si ves esta idea detenidamente es como si pensarás que la engañas y que si ella tiene un minuto de ver el mundo sabrá que, de lejos, hay muchísimas mejores personas que tú y que te abandonará cruelmente. Es realmente pensar que tienes muy poco valor. Es el fondo de la baja autoestima. Ello no alcanzaba a salir en relaciones rápidas pero en las largas yo mismo podía ver los agujeros que tenía.
¿Qué hacía, entonces? Pues buscar estar con ella en todo lado. Personalmente no he sido de fiestas y cosas demasiado ruidosas, sin embargo para evitar que quizá conociera a otro, pues resultaba negociando en contra mía. Me volvía fácilmente vigilante, obsesivo, celoso. Y ello hacía que gastara una tremenda cantidad de energía y que una relación simplemente fuera muchísimo para mí en términos emocionales.
5. Manipular emocionalmente, de alguna forma les hacía ver que yo era demasiado genial para ellas y que sería tremendamente doloroso e injusto dejarme. La verdad este es un mecanismo ciertamente patético, porque me vendía como lo mejor de lo mejor, y hacía muchísimo más doloroso una terminación. En varias ocasiones forcé relaciones hasta el punto más difícil y les proyectaba a ellas toda la culpa.
Por fortuna para mí siempre he tenido un elevado nivel de conciencia y con algo de autoexamen podía ver lo que pasaba. Al estar en un medio de psicólogos era fácil para mi conseguir algo de ayuda y de feedback sincero, y ello me permitía ver los agujeros en mis emociones y tratar de hacerlo lo mejor posible.
El beneficio fue que hice bastante kilometraje, hasta que empecé a tomar control de mí y a fluir mucho más relajado en las relaciones, en un punto donde era inevitable ser impredecible y quizá también un poco desprendido mientras la cosa avanzaba y se iba pegando naturalmente. Empecé a ocupar felizmente mis propios espacios dejando que mis parejas fueran ellas mismas, paulatinamente decidí que no debería invadirlas sino que yo también debería ser el propio amo de mis dominios, y que si algo no me gustaba no tenía que hacerlo simplemente por una relación.
Descubrí que cada relación y cada mujer es una maestra a su estilo. Aunque tuve relaciones y noviazgo realmente terribles, tóxicos y demenciales, vi en ellos una dura pedagogía que me hacía ver mis propias barreras, por ejemplo, para desprenderme, o que me hacían ver que prefería amar a otras personas más que amarme a mi mismo. Algunas relaciones fueron más exigentes en otras me conformaba más, lo que me animaba era vivir cada día y aprender en mi deseo de conocer mi propia naturaleza, la naturaleza de las mujeres y cómo esa combinación generaba cierto tipo de relaciones.
Descubrí que no sabía muy bien lo que era el amor, y que no tenía herramientas para reconocerlo. Lo fui descubriendo por su presencia o por su ausencia y desarrollé unos estándares de lo que para mí era el amor y lo que esperaba de una relación.
Sin duda lo más maravilloso de este viaje de la seducción es sentirse amado tal cual uno es y amar a otra persona tal cual ella es. Rara vez se logra a la primera, pero con suerte podrás vivirlo tu mismo abriéndote a vivir el tiempo sin presión. Si me preguntarán eso es lo más valioso para mi de la seducción, el profundo sentido de conexión que puedes sentir con una mujer.
¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!
¡Hasta la próxima!
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Posdata: El próximo miércoles les compartiré la fecha del primer webinar que tendré este año y donde deseo trabajar el tema de cómo vivir, en este 2016, una vida extraordinaria.

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