¿Qué tan inocente o peligroso apareces para una mujer?

Publicado en Sep 28 2016 - 9:32pm por Álvaro Bonilla

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Muchos dicen que las mujeres te clasifican entre posible candidato a amante o amigo o conocido en cuestión de segundos, y dicen que esto lo hacen basadas en indicadores de atractivo. Sin embargo, pretendo demostrar en este corto escrito que lo que ellas analizan es tu capacidad de inspirar peligro, y también entraré a definir la clase de peligro necesitas representar para ella y cómo aquí está la diferencia entre el niño y el hombre.

Estoy convencido después de todo este tiempo que existe un claro lenguaje de un hombre seductor y de una mujer seductora. Es un lenguaje basado en lo no verbal, es un lenguaje basado en la intención y es un lenguaje basado en ciertos atributos psicológicos. Los describiré a continuación.

1.     Lo no verbal: Postura, mirada, sonrisa, expresiones faciales de apertura, de disponibilidad (es decir, nada de ceño fruncido o rigidez), mostrar las manos, los antebrazos. Lo no verbal incluye tu estilo, tu ropa.

2.     La intención: Qué tanta idea tienes de lo que quieres, qué tanto estás abierto a que algo suceda con esa mujer en particular y qué tanto lideras la interacción con ella, qué tanto propones y qué tanta iniciativa tienes.

3.     Atributos psicológicos: Acá son importantes rasgos de decisión, astucia, capacidades y habilidades comunicativas.

Es decir hombres y mujeres en el cortejo se mueven de cierta manera, se expresan de cierta manera, manifiestan una intención directa de lograr un resultado, una relación, una salida, un encuentro sexual o lo que sea, y también expresan rasgos psicológicos que resultan llamativos.

He insistido hasta el hartazgo en que lo que diferencia a los que consiguen los resultados de los que no es que unos actúan como niños indefensos, perdidos, desubicados y ansiosos, para ellos la seducción es un misterio ancestral, un hechizo misterioso, una intrincada ecuación matemática.

¿Por qué para otros es algo que ni siquiera requiere investigación teórica sino pura experimentación?

¿Por qué para unos es una realidad que simplemente se abre frente a ellos en un momento de la vida y para otros es algo que les rehúye y de lo cual pareciera que tienen que encontrar las 7 esferas del dragón para que se desencadene?

Durante muchos años me hice esta pregunta: recuerdo a los 14 años en mi colegio, que la gran mayoría de mis compañeros había perdido la virginidad, les veía con sus novias, escuchaba a sus novias llorar por ellos o vivir típicos conflictos de pareja. A esa edad simplemente pensaba que ya me llegaría mi momento. Los años pasaron y llegó la edad adulta, y parecía que seguía sin encontrar la clave. Y en ese momento descubrí que mi vida se definía simplemente por las relaciones que no tenía, mi vida se basaba en extrañar lo que otros tenían, me definía pensando en las mujeres con las cuales podía pasar el tiempo y las mujeres que podían hacer mi vida más feliz.

Con el pasar de los años descubrí que entre más me definía por el intento de resolver el misterio más se hacía distante el mundo femenino, más extraño parecía comportarme y más me perdía en los detalles que me alejaban del resultado. Me hacía mucho más ciego de mis propios errores, de las señales de las mujeres y de las oportunidades que se me presentaban.

Mi gran error: era totalmente inocente, estaba totalmente dormido, y donde yo sólo veía un mundo normal, la realidad era que se movían hormonas, deseos y la posibilidad siempre presente de una relación y del sexo.

Hasta que empecé a desafiar la inercia de la soledad y del que no pasara nada. ¿Cómo empecé a hacerlo y cómo recomiendo a mis clientes y lectores que lo hagan? Desafiándose a hacer cosas que no había intentado hacer antes: Salir más, obligándome a conversar, obligándome a liderar, aprendiendo a controlar mi lenguaje corporal, cambiando mi imagen externa para mostrarme más fresco, más relajado.

Y por supuesto haciendo una transformación profunda en mi psicología y en mi mente, para ser abierto sexualmente, para dejar esa contención física que me mantenía alejado de las mujeres, dejándome abrazar, dejándome descubrir, mostrándome a ellas, sonriendo, mirándolas fijamente, mostrándoles que me gustaban y haciéndome deseable para ellas invitándolas a mi estilo de vida, a lo que me gustaba, generándoles la curiosidad de conocerme.

Ya he contado en mi libro “La Seducción Inteligente” cómo descubrí una de las creencias principales que me ha guiado para dejar de ser un “desperdiciador de oportunidades” para ser un “aprovechador de oportunidades”: “cualquier cosa puede suceder con cualquier persona en cualquier lugar”. Esta creencia empezó a desarrollar en mi un rasgo de buscador de oportunidades, empecé a darme cuenta que el mundo está cargado de sexo y si estimulas su curiosidad simplemente se despliega.

Y aquí hay una segunda creencia: “allí afuera hay muchísimas oportunidades esperando ser despertadas y aquí y ahora las despertaré: es mi misión.”

Muchos se han dado cuenta, como yo mismo lo hice, que estamos en un mundo social abundante en deseo, en sexo, en voluntad de encuentro. Los hombres gustamos de las mujeres y ellas gustan de nosotros, y siempre estamos en búsqueda, incluso si ya tenemos una relación establecida. Es algo innato a nosotros desear, cortejar, aunque ya estemos en pareja.

Cuando nos hacemos conscientes de este principio empezamos a ser peligrosos, en el sentido de que nuestra presencia en el mundo no es neutral, no es gris, es la presencia de un hombre masculino que conecta con el mundo femenino y las invita a conectarse con él de una forma romántica o de una forma íntima.

Con el tiempo uno empieza a ver cómo las mujeres reaccionan a la simple presencia, a ti mismo allí compartiendo espacio con ellas. Las mujeres te miran, las mujeres hablan, las mujeres sonríen, las mujeres se acercan o son receptivas a tu acercamiento. Esto es lo que llamo el “despertar de la masculinidad”, el nacer de un hombre sexual, de un hombre adulto que despierta algo en las mujeres, que no las deja indiferentes.

El gran enemigo es la timidez y la vergüenza. La timidez no te deja expresarte tal cual eres, restringe tu espontaneidad, tu libertad. La timidez es un grillete puesto en tus tobillos que no te deja moverte ni avanzar. La vergüenza es el miedo detrás de ser rechazado, es una emoción basada en rechazos de nuestra infancia que nos hace sentirnos menos por ser quienes somos. Es vivir nuestra existencia en miniatura, lejos de su máximo potencial.

¿Cómo lee una mujer el peligro de un hombre? En la posibilidad que ella siente de que tomes acción. De que si te abre una puerta entrarás, de que si te da una oportunidad la aprovecharás. Ella interpreta que sabes jugar, por ello no podrá vacilarte, por ello ni siquiera pensará en probarte, sabe que contigo eso no se puede hacer.

Su opción es bajar las defensas y abrirse generosamente a ti. En este momento se pone en un lugar vulnerable, en un lugar en que espera que todo salga bien, en un estado emocional que anhela contacto y que las cosas salgan bien.

En ese punto ella facilita las cosas.

En ese punto ella es tu mejor aliada.

Pero nunca lo será si percibe en ti alguien neutro, tímido, retraído, inofensivo. Allí simplemente ella estará fuera de tu alcance, lo sabrá y lo disfrutará.

¿Necesitas demasiada experiencia para empezar a proyectarlo? Evidentemente la experiencia te hará mejor, pero siempre puedes empezar por actuar con decisión, con firmeza, yendo cada vez un poco más lejos en tu capacidad de ser espontáneo y directo, en tu capacidad de disfrutar y mostrar que te gusta la presencia femenina, que te atrae, que le deseas.

Es firmeza.

Es decisión.

Es voluntad de mostrarte al mundo.

Son simplemente huevos y valentía.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!