El buenismo o cómo desarrollar el carácter de ganarte tus testículos

Publicado en Feb 2 2017 - 12:08pm por Álvaro Bonilla

seduccion y ser buen tipo

Hoy quiero hablar sobre el error principal que cometen la gran mayoría de hombres con las mujeres.

La gran mayoría de lectores del blog.

Seguramente tú.

Y es que se la pasan jugando al tolerante.

Al bueno

Al incluyente

Al liberal

Al “no estoy estoy seguro”

Al “no quiero ofender, pero…”

Al “no quiero sacarte de mi vida del todo…”

Al “sigues siendo una parte fundamental en mi vida…”

Al “no sé si perdonarla”

Al “ella no se merece que la saque de mi vida de forma tan radical”

Al “por los viejos tiempos”

Al “pensará que soy un depravado”

Al “qué dirán sus amigos”

Al “qué dirán mis amigos”

Al “hay que soportar ciertas cosas molestas de las personas que amamos”

Hemos sido malcriados por el sistema, hemos sido malcriados y violentados psicológicamente por unos padres tibios. Hemos creído pensando que tenemos que pedir permiso para decir lo que pensamos y para ser como somos.

Hemos pensado que el mundo prefiere a los que son buenos.

Y eso es una gran mentira.

Los que posan de buenos y tibios, al final son violentos y radicales cuando no les prestan atención.

Fácilmente empiezan a odiar a aquellas personas que pasan por delante y reclaman lo que quieren.

Muchas veces experimenté esa sensación: el querer ir despacio, el querer hacer las cosas bien, con buena letra, con prudencia, dando tiempo, respetando espacios, cediendo y concediendo, sirviendo. Y siempre veía cómo la decisión y determinación de otros terminaba por generarles ganancias.

Y luego pasaba a la fase de victimización. De renegar del mundo injusto. De su excesivo pragmatismo, me refugiaba en corrientes filosóficas o marcos políticos que justificaran el “odio de clase”, era el odio al hombre fuerte, al hombre decidido, al hombre arrogante que no podía ser, el odio a las mujeres bellas que siempre les escogían. Yo era el santo y ellos eran los guerreros y los reyes.

Y ciertamente, a veces incluso era el bufón que les obsequiaba tiernas sonrisas.

Hasta que la realidad se impuso, y apareció en forma de una cruel disonancia cognitiva: “¿Cómo puede pasar esto si estoy haciendo las cosas “al derecho”, en cambio la vida parece premiar a los crueles, a los superficiales, a los vacíos?”

Una especie de superioridad moral absurda hacía que me creyera superior. Esa era mi ilusión. Ante la incapacidad de tolerar que yo estaba equivocado mi mente construyó una ilusión, una película, donde yo era mejor, donde yo habitaba tiempos oscuros donde era un incomprendido.

Es algo que veo una y otra vez en las personas con las que trabajo. La pregunta “¿Cómo pueden estos burdos y brutos tener aquello que yo no tengo?”, “¿Cómo pudo ese animal seducir a mi Laurita que es tan bella e inteligente?”, “¿Cómo me quedo yo con las pajas y ellos con el coño?”

Es posible ver cómo su expresión y su energía son una profunda rabia y resentimiento.

Escucho eso y me acuerdo de mí, hace más de una década.

Y recuerdo lo duro que fue el camino de regreso hacia mí. El camino profundo. No el camino corto de convertirse en un villano simplemente porque eso es lo que está de moda y lo que agrada a las mujeres.

Es darse cuenta que tus rasgos de carácter te están estropeando todo. No sólo tus relaciones, sino también tu vida profesional, tus relaciones, que eres un hombre débil.

Odiamos pensar en la posibilidad de ser débiles, y por ello nos llenamos de conceptos y de historias para al menos creernos los más fuertes moralmente, o intelectualmente.

Y es aquí cuando aparece un concepto que para es para mí la guía de mi trabajo personal y profesional, y que ya he tratado antes: el concepto del despertar. Donde comprendes que necesitas hacer ajustes a tu vida, de forma profunda y auténtica, para despertar esa voz que hay en ti. Esa voz decidida, esa voz que tiene criterio, esa posición de hombre que tiene sus pies asentados en la tierra y que está centrado, equilibrado, esa voz de hombre que sabe lo que quiere y busca la manera de obtenerlo clara y directamente, la voz del hombre que ha dejado la pereza y se encuentra motivado para alcanzar su meta. La voz del hombre que protesta, que señala aquello que le incomoda y que no le agrada, lo dice claro, a la cara, sin disimulo.

Es el hombre con carácter. Es el hombre firme que no teme generar opiniones opuestas, que no teme la polémica, que no teme el rechazo. El hombre de toma o déjalo. El hombre de “necesito tu respuesta aquí y ahora”. Es la clase de hombre que por su carácter termina siendo un líder natural, porque la gran mayoría de hombres en el mundo son tibios, buenos, agradables, tiernos, cariñosos, incluyentes.

El hombre con carácter necesita ser descubierto. Necesitas adentrarte en las profundidades de tu ser para saber definitivamente la respuesta a estas preguntas.

  1. ¿Qué quieres de pase en tu vida?
  2. ¿Por qué quieres que pase eso y no otra cosa?
  3. ¿Cuál es el precio que estás dispuesto a pagar por ello?
  4. ¿Cuáles son los riesgos que estás dispuesto a aceptar?
  5. ¿Qué personas/creencias/relaciones caben dentro de eso y qué personas/creencias/relaciones no?
  6. ¿Cómo defenderás tu espacio, tu criterio?

Al hombre con carácter no le sirve cualquier cosa.

El hombre de carácter no se conforma con lo que le ha tocado.

El hombre con carácter dirá lo que piensa porque sabe que tiene derecho de hacerlo.

El hombre con carácter seleccionará, activamente, de quien rodearse, qué hacer.

El hombre con carácter no aplaza, es el hombre del ahora.

El hombre con carácter se pone primero en la lista de prioridades. Y si decide colaborar a alguien lo hará sin esperar reciprocidad, sólo por su deseo, por su voluntad de hacerlo. No busca comprar a nadie usando la generosidad como excusa.

El buenismo es sólo una forma de mendigar amor y aceptación. Y el hombre con carácter lo descubre y decide que no necesita mendigarlo, ni comprarlo, que si él se ama y se acepta y se expresa al mundo como es se encontrará con amor, también con el odio, con la aceptación, y también con el rechazo. Sabe que así es el juego, y lo acepta gustoso.

El buenismo esta carcomiendo nuestra sociedad.

Está carcomiendo nuestra masculinidad.

Está carcomiendo nuestra contribución al mundo.

Lo que te está deteniendo es negarte a aceptar la realidad. Seguir preso en tu película mental. No aceptar la disonancia cognitiva que es un llamado a la transformación.

Es hora de iniciar.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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