Principios pragmáticos y filosofía personal de vida (Parte 1)

Publicado en Jul 9 2018 - 6:48pm por Álvaro Bonilla

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Hoy deseo escribir sobre principios pragmáticos de la vida. He querido hacer un compendio sobre aquellos aprendizajes, muy personales que he tenido a lo largo de la vida, y que reflejan la más grande transformación que he tenido: pasar de ser un hombre ingenuo, idealista, suave y salvador a ser un hombre pragmático y con un carácter fuerte, realista y estratégico.

Personalmente he visto, a lo largo de estos años, trabajando con personas, cómo la identidad masculina está muy relacionada con el éxito y el fracaso en los ámbitos de la vida. La percepción ajustada de lo que puedes esperar del mundo constituye una brújula fundamental a la hora de actuar en el mundo, y esa percepción determina lo que tú te sientes capaz de hacer en el mundo y lo que no puedes hacer, allí nuestra identidad masculina y nuestra identidad personal nos proporcionan el avatar para estar en el mundo y transformarnos a nosotros y a nuestra realidad.

Te pondré un ejemplo: si desestimas la ley de gravedad podrás pensar que puedes lanzarte de un décimo piso y que no te pasará nada, subestimarás la caída y el impacto que el golpe, la aceleración y la gravedad tendrán sobre tu estructura física. Si consideras la gravedad podrás saber que hay cosas que están más seguras e íntegras si las cuidas de caídas de grandes alturas, serás más cuidadoso respecto a ciertas conductas de riesgo, por ejemplo. Y eso te lleva a un conocimiento de ti mismo, si te enfrentas a una caída sabrás que necesitas ayudarte de cierta tecnología para que esa caída no implique riesgos, si te lanzas de un avión buscarás hacerlo de forma controlada, guiada y acompañada de un paracaídas. Tu identidad tiene claro que eres un cuerpo, con zonas frágiles y que tienen cierta resistencia, pero también cierta vulnerabilidad.

Ahora bien, el mundo del desarrollo personal es el mundo de aquello que es posible transformar y cambiar tanto de nosotros mismos, como de los demás, como de las circunstancias. Y hay marcos mentales que hacen del desarrollo personal un campo más o menos realizable o más o menos angustioso e imposible. He encontrado, como mencionaba, que el idealismo desfigura la realidad y nos hace pensar en ciertos principios mágicos, ingenuos y que tienen que ver con destinos más bien optimistas, que al confrontarlos con la realidad nos generan una enorme frustración y nos hace sentir inmensamente solos. Por ejemplo, creer que todo el mundo es bueno, que las personas siempre buscan nuestro bien, que el amor es algo que llegará a nosotros, que el amor es para toda la vida, que las cosas tienen a mejorar. En ocasiones la realidad confirmará estas creencias, en otras nos escupirá a la cara fuertes contrastes de cruda y salvaje realidad humana.

La ingenuidad, el idealismo, la bondad son estados de gracia, asociados a la mentalidad infantil, y en el adulto, a una psicología que se niega a madurar, que se niega a la realidad misma y decide vivir en un mundo sin maldad, sin malas intenciones, sin lo inexplicablemente salvaje de la naturaleza y de lo humano. Y aunque la idea no es optar por un nihilismo en el cual todo carece de significado, todo es un sinsentido y estamos en un mundo caótico, hostil y sin propósito, la idea sí es conocer lo que podemos esperar, lo que podemos cambiar y tener una percepción de la complejidad humana, de la complejidad de las relaciones, en últimas, de la complejidad de la vida.

Durante mucho tiempo opté por una visión desencantada de la vida, una visión negativa, resentida, frustrada. Como la vida me escupía una y otra vez su hostilidad, su maldad, su tragedia, empecé a sentirme muy incómodo y a no ver un sentido, un propósito en mi vida y en la realidad. Mi vida se llenó de amargura y de un gran cinismo. No importaba nada, porque no era importante nada ni nadie en realidad, todo era caos, y todo era un gran vacío y una inmensa nada, estábamos en un mundo tremendamente hostil y caótico y no importaba nada. Las emociones con las que conectaba eran de tristeza, incluso depresión, y un estado de anestesia general con el cual buscaba protegerme de sufrir.

En mi búsqueda personal busqué otra clase de marcos interpretativos de la realidad, marcos que ayudaran a amplificar una intuición que sobrevivía en el vacío como la luz de una luciérnaga en la inmensidad de una oscura noche, esta intuición me hablaba de propósito, me hablaba de trascendencia, que decía que lo que hacía importaba, que lo que hacía tenía un significado y un sentido, que tenía un impacto y que podía trascenderme y ser trascendente en la vida de otros. Adopté el pensamiento estratégico, el estoicismo y el cultivo de la masculinidad como formas de ver a la realidad a la cara, ver que si miras detenidamente la realidad juega siempre con las cartas sobre la mesa y que te permite saber qué esperar y cómo moverte. Las reglas de la vida están allí, disponibles para quienes desean verlas y apreciarlas, y para quienes honestamente quieren poder su idealismo a un lado, y ver lo crudo como simples reglas frente a las cuales operar.

¿En últimas qué fue lo que hice? Si vuelves a leer el párrafo anterior observarás que hice una negociación en mi psicología: dejé un mínimo de idealismo (creer en el sentido, el significado de las acciones personales, en la trascendencia, en el impacto en otros) y a partir de allí afrontar la cruda realidad, lo que puedo esperar de otros y lo que puedo esperar de mi mismo y de la vida. Un principio que manejamos en la psicología es que tenemos que negociar con nosotros mismos, sentarnos con una proyección mental de nosotros mismos al frente y tener una conversación del estilo:

  • Ok, yo pienso esto, pero a la vez pienso esto otro y ambas cosas resultan muy contradictorias. ¿Qué hacemos?
  • ¿Estos principios son “Todo o nada” o puedo quedarme con cosas de ambos mundos?
  • ¿Qué me resulta útil de cada creencia?
  • ¿Qué conflicto/emoción/situación puedo aliviar negociando?
  • ¿Cuáles son las ganancias y las pérdidas de la negociación?

A continuación, te contaré algunas de esos principios de realidad que he cultivado y anotado cuidadosamente y que me sirven de brújula. ¿Cuál es mi objetivo al compartir esto? Quiero que te cuestiones sobre tus propios principios, no espero que vivas de acuerdo a mis principios pragmáticos sino que a través de los míos cuestiones los tuyos. También espero que algunos provoquen disonancia cognitiva, es decir, cierta contradicción entre ideas que chocan y que provocan emociones de molestia, incluso rabia que expresa un profundo rechazo. Si lo sientes busca dialogar con esa emoción y ver qué te dice, por qué la idea te resulta tan molesta, qué principio o valor muy profundo en ti está cuestionando, y al final elige con qué versión decides quedarte.

  1. A (casi) nadie le importas por lo que eres sino por algún tipo de interés: Este es un principio pragmático que me ha ayudado a saber que tenemos expectativas sobre los demás y que esperamos que toda relación se base en un intercambio de valor. La palabra “interés” no es mala en sí misma, es expectativa y es la creencia de que los seres humanos nos relacionamos a partir de intercambio de valor, qué doy yo, qué ofrezco y qué espero encontrar en los demás, ¿quizá aprender? ¿Quizá placer? ¿Quizá dinero? No lo se.

  1. No eres especial (en términos objetivos): La idea de “ser especial” es una idea egocentrista, y se basa en que somos lo mejor de lo mejor. Conforme los años pasan uno descubre que uno es especial para ciertas personas que tienen emociones fuertes hacia uno, buenos amigos, familia, parejas, pero para los demás eres absolutamente indiferente y, nuevamente, necesitas mostrar un valor, si bien no “especial” o “único” un valor que te permita ganarte la vida por lo menos, y por lo más influir. No ser especial quita el peso del destino en mi vida, y me hace ver que cada día debo trabajar con disciplina para cultivar aquello en lo cual soy bueno. Ya no me creo el cuento de “ser el mejor”, sino de ser bueno, dedicado, juicioso en lo que hago. La idea de ser especial me llenaba de frustración al ver que el mundo no lo veía, y me sentía directa y personalmente atacado, como si el mundo me odiara y se empeñara en hacerme sentir mal por ser yo. En general también creo que nadie es especial, sólo que mis emociones amplifican ciertos rasgos de las personas, pero que bajo ciertas condiciones los podría encontrar en cualquier otro, consecuencia de esto es considerar que no hay mujeres especiales o relaciones especiales, las veo de alguna manera diferentes y mientras encuentre bienestar y satisfacción en ellas está bien, si por cosas debo dejarlas, sé que lo “especial” es un juicio personal mío, no de las personas.

  1. Como no soy especial el mundo no tiene nada en contra mía: Consecuencia de lo anterior, lo malo que me pasa no me sucede por ser quien soy, porque las personas o las circunstancias conspiran en mi contra, pasan porque tienen que pasar. Lo que analizo es cómo evitar la fatalidad cuando está en mis manos, por ejemplo, sé que puedo cuidarme y que ello me ayudará a tener mejor salud, pero entiendo también que hay variables ambientales que pueden afectar mi salud y no dependen de mi, un accidente o un agente cancerígeno. Al quitar ese destino personal que me ataca, gano en libertad y, sobre todo, dejo de victimizarme y quejarme por mi vida. Todo lo que pasa es parte del juego de estar vivo. Los rechazos y fracasos en el ámbito sentimental no se debían a un destino siniestro de las mujeres contra mí, sino a cosas simples como la afinidad, la conexión, mis habilidades sociales, mis creencias y mis estrategias de seducción. La responsabilidad por mejorar estaba en mí.

  1. Tus quejas son tu culpa: Recuerdo algún momento de mi vida donde mis relaciones incipientes terminaban porque las mujeres decían que yo era muy negativo y pesimista y siempre me estaba quejando. En aquella época como yo estaba tan acostumbrado a verme en mis propios términos y no verme como me veían los demás pensaba que estaba rodeado de mujeres incomprensivas y poco empáticas. Luego descubrí que la mayoría de las personas que me rodeaban pensaban lo mismo, que siempre me la pasaba quejándome y que adoptaba frecuentemente el papel de víctima. ¿Qué hice? Tomé un cuaderno y empecé a registrar mis pensamientos tal como venían y, voilá, descubrí el patrón, y vi que casi todo de lo que me quejaba eran cosas sobre las que podía hacer algo, que no era una víctima, sino que era un mimado irresponsable que pensaba que el mundo tenía que darle gusto en todo y si no lo hacía yo hacía pataleta. Si pudiera ubicar un momento donde me dice adulto, ese fue uno de esos momentos.

  1. Tus emociones no cambian la realidad: Este es un principio para caprichosos y mimados, las emociones son necesarias para vivir una vida “a todo color”, pero por sentir más no vas a cambiar las cosas en la realidad. Hoy vivimos una época hiperemocional, hipersensible, todo es motivo de una causa social, y las épocas de relativa paz global nos han vuelto sensibleros. Las emociones son muy importantes en lo personal, pero requieren que avances hacia pensar la situación y poder actúar sobre ella. Las emociones cuando están desordenadas nos llevan a vivir en medio del huracán, para donde sople el viento para allá van las emociones, y podemos dar vueltas y vueltas sin encontrar solución. Aprender filosofía estoica me ha permitido encontrar un balance en mis emociones y sobre todo entender que las emociones me dan un mensaje, que debo leerlo rápido y que debo decidir y actúar, que la emoción es tóxica cuando no fluye y me quedo mucho tiempo con ella, cuando me quedo demasiado tocando la herida y sintiéndome triste, frustrado, molesto, vengativo, es allí donde la emoción empieza a oler feo y a contaminarme. Por más que haya cosas de la realidad que me molesten o no comparta mis emociones no van a hacer que dejen de existir, quizá me invitan a tomar una decisión, salir de un sitio, buscar un nuevo trabajo, dejar de frecuentar alguna persona, involucrarme más o menos en política, escribir sobre algo. Las emociones sin acción o decisión se estancan.

En el próximo post seguiré compartiéndote estos principios pragmáticos. Y termino con esto: el hombre adulto configura una filosofía personal de vida, toma cosas de aquí y de allá y decide ver la realidad de acuerdo con cierto marco, eso es lo que llamo filosofía de vida. Esto le da dirección, le da motivación y le permite saber qué esperar y que no. Es clave en toda filosofía de vida anotarla, registrarla por escrito, para volver sobre ella, editar, añadir cosas. La filosofía de vida está siempre en crecimiento.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!