Principios pragmáticos y filosofía personal de vida (Parte 2)

Publicado en Jul 25 2018 - 12:19pm por Álvaro Bonilla

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Hoy continuaré compartiendo los principios pragmáticos que han hecho parte de mi filosofía personal, y que he aprendido con las experiencias de la vida. Te los comparto con el ánimo de iniciar y diálogo y también poder conocer qué piensas de cada uno de ellos, ¿en qué forma te cuestionan? ¿Aportaría algo a tu vida que consideras incorporarlos? ¿Cuáles son tus principios de filosofía vital y cómo has llegado a ellos?

Comencemos:

  1. El merecer no existe: La vida es una constante lucha por abrirse camino, y esa es tu responsabilidad, trabajar para lograr lo que te has propuesto en la vida. Sin embargo la justicia no siempre premia los logros, también es preciso ser “oportunista”. ¿Qué significa esto? Necesitas abrir tus ojos a las oportunidades que se te presenten y activar tus instintos para buscar esas oportunidades. La vida muestra que muchas veces el oportunista le gana al talentoso, ¿por qué? Porque es más astuto, porque es más directo, porque es más rápido y es más ágil. Puedes estar cultivando una relación durante meses, pero puede llegar alguien y concretar esa relación en pocos días (como me pasó a mí cuando decidí cambiar mi camino y aprender a relacionarme efectivamente con las mujeres), puedes estar detrás de un ascenso o un aumento de sueldo, pero puede llegar alguien que tiene mejores relaciones sociales y estar mejor conectado que tú y tener tu cargo y tu salario. Es un principio que puede parecer injusto, si tu criterio de justicia está basado en méritos, pero si tu criterio de justicia está basado en estrategia y astucia, quizá sea un mundo justo. Eso te lo dejo ahí.
  1. Nadie te debe nada: La vida consiste en elegir de qué cosas preocuparse, y molestarse, y de qué cosas no. Las personas excesivamente reactivas son personas que acusan al mundo y a todos de que lo que pasa es algo personal. Si las mujeres lo rechazan es porque hay algo malo en ellos, si alguien los atiende mal es una falta de respeto directa a ellos. Todo se lo toman demasiado a pecho y terminan afectándose por todo, esto les genera emociones muy cercanas a la rabia y en el peor de los casos un odio que carcome, porque empiezas a generalizar pensando que todo está en tu contra. El universo, la vida, el destino es indiferente. Nadie te debe gratitud, ni pleitesía. Por ello suelo no esperar nada de nadie. Aunque siempre presumo la buena fe en las actitudes de las personas, lo cual es congruente con no predisponerme pensando que las personas quieren hacerme daño de forma personal, tampoco espero que sean especiales conmigo o que me recuerden, o que me devuelvan el favor sólo porque he hecho algo. Eso me ha llenado de gratas sorpresas, he descubierto que la gente en general es agradecida, pero también que puede ser muy ingrata. Su ingratitud no me amarga, porque no lo tomo personal, no me culpabilizo ni tampoco emprendo una campaña de odio. Eso sí, la gratitud siempre la agradezco y me conmueve, y se que es un episodio, el que es agradecido una vez puede no volver a serlo. No espero un patrón, vivo al día, sin expectativas ni buenas ni malas.
  1. Los tipos buenos pierden: Ser un tipo bueno refleja una actitud salvadora e idealista. He aclarado mil veces que el opuesto a un tipo bueno no es un delincuente, es un hombre pragmático que pone sus intereses, su tiempo, sus prioridades por delante, porque sabe que las personas operan de la misma manera. Sabe que ninguna persona debería ponerse por delante de sus sueños y de sus prioridades. También sabe que cada persona es responsable de su vida y de sus decisiones, así que intentar salvar a alguien es inútil, es cargar un peso que no te corresponde, y que es un comportamiento que infantiliza a las personas, las hace irresponsables y en muchos casos abusivas. El tipo bueno por lo general es una persona que cree en la justicia de los méritos y no en la justicia de la estrategia y el oportunismo. El tipo bueno gusta de sufrir por otros, cuando no es capaz de ocuparse de su propia vida y de sus problemas. El tipo bueno es un ingenuo que no quiere ver que en este mundo si te descuidas las personas te sacarán toda la ventaja posible, por ello simbólicamente entrega las llaves de su casa e invita al ladrón a galletas con leche.
  1. Sin acción sólo hay ilusión: Puedes pensar muchas cosas sobre lo que quieres para ti, sobre cómo tu vida cambiaría si pasara esto o lo otro. Puedes pasar horas pensando en esa mujer que te gusta, en cómo sería estar cerca de ella, en cómo sería disfrutar la intimidad con ella. Pero si no mueves el culo no vas a tener nada. Si no tomas una hora y un bolígrafo y anotes qué vas a hacer, y sales a hacerlo, llamas a las personas que tengas que llamar y pides lo que necesitas, si no tomas esa pequeña o gran decisión no pasara nada. ¿Ay Naxos, es que el miedo y mi mente me sabotean y no puedo ponerme en acción? Entonces tomar una acción es buscar la forma de enfrentar esos miedos. En algún momento de mi vida laboral tuve una dificultad con un proceso que tenía que llevar a cabo, y por el cual mi jefe casi me despide, y su feedback para mí lo recuerdo muy claro: “no le reclamo por su error, sino porque no pidió ayuda, si sabía que algo se le dificultaba no entiendo cómo se lo guardó para usted”.
  1. La realidad derrumba todo idealismo: Lo importante no es lo que tu quieres que pase, o cómo quieres que sea el mundo, las cosas y las personas. La importante es lo que pasa y como son las cosas ahora. El idealismo es una pantalla protectora que te refugia en un infantilismo para no ver cómo es el mundo en su total dimensión, cómo pueden llegar a ser las personas cuando desean poder, qué es la maldad, qué es la injusticia. El principio de realidad te hace ver las reglas del juego claras y qué puedes esperar de las cosas y qué no. También te ayuda a adaptarte, no quiero con esto invitarte a ser una persona inescrupulosa o dejar tus valores, estos son tus coordenadas para vivir una vida basada en la excelencia, son sagrados, sin embargo, debes saber que hay personas que no operan por valores y que están dispuesta a absolutamente todo, incluso a tomar tu vida para lograr las cosas. Suena fatalista y crudo, pero así es. Por ello conforme creces ya pocas cosas terminan por sorprenderte, el ser humano es capaz de lo más magnífico y sublime, pero también de lo más bajo y corrompido. Ello te permite no dejarte llevar por el efecto halo o por las primeras impresiones, por las caras bonitas, las enormes sonrisas, los halagos o los favores gratuitos, eso te hace un maestro de la sospecha que sabe que así como pueden ser honestas y bien intencionadas, también pueden disimular intenciones más nefastas.
  1. Vivir de utopías es una forma de esquizofrenia: La mente esquizofrénica es una mente delirante, imagina cosas que no existe y se crea, para sí, una realidad paralela. Las utopías de un mundo perfecto, de un mundo justo, de un nuevo hombre sin maldad, han mostrado históricamente que funcionan a la manera de un culto: reclutan hombres y mujeres que entregan su vida a ello mientras que los que venden las utopías se llenan los bolsillos. Vivir de utopías es la forma suprema del idealismo y la negación de la realidad. Es vivir en el mundo de los bien pensantes, de los políticamente correctos. Es una forma de dogmatismo que en últimas busca que la gente viva según tus principios y no acepta la diferencia. Las utopías son polarizantes: dividen al mundo entre buenos (los que son como tu) y los malos (los que viven con otros principios y otra vida). Personalmente creo en la conciliación de opuestos y dejar que los demás vivan su vida en sus términos sin hacer mucho drama por lo que me pueda parecer escandaloso o raro. Sé que debo aspirar a una vida mejor en lo personal, aspiro a la excelencia, creo en luchar contra mis sombras, esa es una lucha personal y de toda la vida. Es lo que puedo controlar, que el mundo sea mejor, que haya un super humano, que haya justicia para todos, no lo controlo. Hago lo que puedo en mi esfera, pero más allá de eso es algo que escapa de mi control y es de las cosas que elegí que no me iba a importar.

Continuará, tengo muchos más principios por compartir. Estaré encantado de leerlos a ustedes y compartir. Si aún no has compendiado los principios de tu vida te sugiero que te pongas a ello, verás el impacto tan profundo que tiene sobre tu marco mental.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!