Tensar la cuerda ¿Hasta qué punto mantienes tu posición?

Publicado en Ene 14 2019 - 6:00pm por Álvaro Bonilla

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Observemos esta escena de la película El Padrino, donde vemos una escena de negociación entre Michael Corleone y un senador, cuyas exigencias y estilo terminan por ofender al mafioso. El senador juega a ser muy directo, tensa la cuerda, pero Michael Corleone termina apostando más duro.

Entendamos algo: hay muchas personas que son indirectas, que se van por las ramas, que son amigas de los rodeos para decir las cosas trascendentales que deberían decirse sin cortapisas.

Otras personas tienen permanentes dudas sobre sus decisiones, no saben si lo que escogen es correcto o no, tienen una enorme desconfianza sobre su propio criterio y, ya sea por inexperiencia, y por falta de convicción personal en sus principios, siempre están dudando de sí mismos y pensando que son los demás los que tienen la razón.

Eso lo podemos ver en personas que siempre están consultando sus decisiones:

  • ¿Tu qué piensas de esto?
  • ¿Tu qué harías en mi lugar?
  • ¿Crees que estoy loco por pensar/hacer/decir esto?
  • ¿Qué pensaría X persona si hago esto?

Y así, las personas inseguras de sí mismas están constantemente dudando de sus decisiones y de su criterio, están pensando más en cómo serán percibidas sus decisiones por los demás (familia, amigos, compañeros de trabajo, pareja) que en los efectos que tendrán sus decisiones en ellos.

Por esto mismo encontramos personas que son más amigas de ceder, y ser tibios, con tal de no levantar comentarios o suspicacias, comentarios o ser desaprobados por otros.

Y este rasgo de personalidad me lo encuentro muy frecuentemente en las personas con las que trabajo. Son personas que así como tienen problemas para acercarse a las mujeres, también constantemente pelean la batalla en su mente para saber si lo que dicen o van a decir está correcto o es incorrecto.

Es la eterna batalla interior para evitar ser incómodos, inconvenientes o equivocarse.

Y por ello no toman ningún riesgo o terminan adoptando comportamientos genéricos, imitando referentes o a otras personas solo por hacer lo popular y lo aceptado. Con ello quizá logran engañar a algunas ingenuas, las cuales luego de un tiempo terminan por darse cuenta que, sus parejas no tienen personalidad ni carácter, lo cual significa una de dos cosas: o se buscan alguien con mayor criterio o ellas ponen el criterio y dominan a sus hombres.

El punto de este post es revisar un concepto que he llamado “tensar la cuerda”. Ilustraré el concepto con dos ejemplos:

Caso 1: Te piden un tiempo en la relación. Imagina que tu pareja te dice que necesita pensar las cosas, que no está segura, que le des un tiempo.

Como ya he hablado antes la postura ante esto es no dar tiempo. Y para ello la idea no es domesticarte o entregarte de forma sumisa, o pedir explicaciones, lamentarse y demás. La posición es tensar la cuerda “Ok, tu me pides tiempo. No hay nada, no hay tiempo. Si quiere terminar, pues termine.”

Y listo.

Muchos operan en estos escenarios con ansiedad y miedo. Porque para muchos es muy difícil que la única mujer que se fijo en ellos, la elegida, la “media naranja”, “el amor de la vida”, les diga que está insegura de la relación.

Si está insegura de la relación es porque la cosa está muy mal y la solución no es que seas más detallista, o más “amoroso”.

El tema de fondo es de atracción sexual y de conexión emocional.

Si eso muere, no hay tiempos que valgan.

Es más, frecuentemente tensar la cuerda hace que dejes de actuar basado en la necesidad, en el miedo a la pérdida y que seas tú quien introduzca la retirada en la relación. La psicología humana es compleja y son justamente estas retiradas las que terminan por acercar a las personas, porque aprenden que la atracción sexual y la conexión emocional son un trabajo de ambas personas, no solamente una.

Los tiempos en una relación es algo con lo que se negocia. Es algo que simplemente no se acepta, porque se reconoce que quien pide tiempo es porque ya tiene la idea de terminar su relación, pero aún se lo quiere pensar porque teme equivocarse o no sabe cómo expresarlo de forma en que no haga daño.

Caso 2: Estás molesto por algo en tu relación que tiene que ver con tu pareja y no sabes cómo comunicarlo. Algunos temen que la relación cambie, que se provoque un conflicto y que en últimas la relación pueda fracturarse o resentirse.

La solución mayoritaria será posponer el conflicto, acumularlo, incluso ceder hasta que toleres el comportamiento, otros optarán por lanzar indirectas, y otros por tocar el tema de una forma en la cual no se comprometan demasiado diciendo, por ejemplo: “últimamente me ha molestado esto de ti, y sólo quería que lo supieras, porque se me hace incómoda esta situación. Si está bien para ti sería genial que hicieras Y”.

Y esa es una aproximación muy débil: si algo no te gusta debes expresarlo y debes expresar con contundencia lo que deseas que pase, por ejemplo: “no me gusta que bebas tanto, eso no me gusta de ti y te pido que eso cambie, no quiero estar con una persona que siempre se excede”.  Y así. Sin disminuir la intensidad, sin negociar. Si algo no te gusta, no lo aceptas, va en contra de tus valores, de tus principios, es algo con lo cual no quieres estar.

¿Y si ello implica que la relación entre en una tensión? Que así sea.

¿Y si ello implica que se termine la relación? Que así sea.

El problema es que intentas negociar con miedo a la pérdida.

Y por ello terminas cediendo incluso más de la posición inicial que tenías.

Por eso tu voz y tu comportamiento no verbal hablan de duda, de incertidumbre, y por eso las personas sienten que detrás de tu reclamo no hay convicción, y por ello no pasa nada y siguen traspasando tus límites.

Tensar la cuerda implica:

  • Ganar confianza en que tienes derecho a buscar tu felicidad bajo tus condiciones
  • Saber que no debes pedir permiso para hacer lo que debes hacer
  • Saber que no debes disculparte por tu propio criterio
  • No debes ser complaciente con cosas que no soportas
  • Debes cultivar tu sentido de creencia en tu propio criterio y honrar los principios por los cuales has decidido vivir
  • Y claro, antes de todo ello, tener claros tus principios, tus principios negociables y los inamovibles.

Tensar la cuerda es ser firme en tu decisión. Es tener una mente abundante para saber que tu punto de negociación es alto, de tal manera que puedes tener un trabajo, una relación, una oportunidad mejor que las que ya tienes y no te satisfacen.

Es mostrar a las personas tu verdadero carácter y, y sobre todo, tu decisión.

Es dejar ver que contigo se va en serio y no se juega.

Si alguien tiene que ceder que no seas tú el primero.

Y quiero que te quedes con esto: si no te das tu lugar como prioridad, estarás enseñándole a los demás que tu lugar es al final de la fila.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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