La ingenuidad detrás de buscar motivación y pasión para lograr tus objetivos

Publicado en Feb 25 2019 - 8:33pm por Álvaro Bonilla

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En mi trabajo con clientes hay algo que siempre salta a la vista y yo lo llamo “el ouruboros”.

¿Qué es el ouroboros?

Es una criatura que come su propia cola, que para mí simboliza la dificultad que representa que las personas pongan orden a su vida en aspectos como la disciplina y el cumplimiento de tareas.

Simbólicamente representa el eterno retorno, el infinito, un proceso que no tiene fin, y que nunca acaba porque la serpiente nunca termina de engullirse a sí misma. También representa la lucha eterna y el esfuerzo inútil, ya que el ciclo siempre está en constante inicio a pesar de las acciones para controlarlo.

Te pondré un ejemplo:

Miguel llegó a mi consulta agobiado por la imposibilidad de cumplirse a sí mismo, por la constante procrastinación, aplazamiento, por un proceso continuo de duda sobre los cambios que debería tomar y decisiones que demoraban demasiado tiempo en ser tomadas. El tema de Miguel era la ansiedad, era un continuo ruido mental que no le permitía tener paz en su mente, que constantemente le estaba bombardeando con incertidumbre, con dudas seguidas de aparentes certezas, de miedos, de culpas y vergüenzas al no poder cumplirse a sí mismo.

Entonces ¿por dónde empezar?

Para empezar a adquirir impulso, consistencia en sus acciones y disciplina es necesario trabajar en gestionar de mejor manera su mente ansiosa, que es la enemiga de su progreso y quien constantemente le bombardea información negativa, crítica, pesimista y de queja sobre diversos aspectos de su identidad.

Pero, gran problema, para empezar a trabajar en la gestión de la mente ansiosa hay que tener algún mínimo de disciplina, porque el trabajo consiste en realizar una serie de ejercicios que permitan entrenar la mente y detectar los engranajes de ese piloto automático llamada “ansiedad”.

Entonces, la cuestión es: deseamos incrementar las acciones concretas encaminadas a la consecución de objetivos gestionando la ansiedad, pero a la vez necesitamos un mínimo de disciplina para trabajar diariamente en lo necesario para mejorar la relación con la mente.

La ansiedad no nos deja ser disciplinados. Y sin disciplina no podemos controlar la ansiedad.

Es la serpiente que se come la cola. La ansiedad nos hace indisciplinados, y la indisciplina, con el incumplimiento que nos trae nos genera más ansiedad y va desgastando nuestras creencias sobre nosotros mismos y lo que podemos hacer.

¿Cómo trabajamos esa lucha constante que tiene lugar en la mente de Miguel y de personas que combaten a diario entre la ansiedad y sus consecuencias visibles en la pérdida de impulso y acción consistente?

Muchos recurren al término “motivación”.

Y existe toda una teoría psicológica dedicada a tratar la motivación.

Sin embargo, resulta insuficiente, porque la mayor parte de las veces se convierte en la explicación y excusa favorita que tienen las personas para explicar lo que les impide lograr sus objetivos.

Y dicen cosas como “no tengo motivación” o “necesito mejorar mi motivación”. Para la psicología positiva la motivación se convirtió en algo parecido a la pasión, como un fuego interior que es el responsable de que una persona se ponga en acción, sea disciplinada y sea consistente en el tiempo, esto es, que acumule rachas de actividad y resultados.

La motivación está sobre valorada.

Y no es fiable.

Porque depende de un componente emocional que en los seres humanos es muy variable. Los momentos de estabilidad que tenemos son la excepción y los estados de subidas y bajadas son la regla o la tendencia en las personas. Un día estamos bien, otro día no tanto, un día tenemos mucha energía, otro día nos sentimos más cansados, no tan energéticos y son los días que atribuimos a “no estar motivados”.

La búsqueda de la fuente de la energía personal se ha convertido en una búsqueda semejante a la del Santo Grial o la piedra filosofal. Las personas creen que cuando encuentren esa llama interna llamada “pasión” o “motivación” empezarán a actuar consistentemente y serán dueños, por fin, de sus destinos.

Se han escrito muchos libros al respecto, sobre la motivación y la pasión. La gran mayoría de ellos basados en la ingenuidad y el idealismo. Buscando generar motivación usando palabras motivadoras, que quizá sirvan un día, o dos, pero que no te dan la consistencia que necesitas.

Porque aquí, lo importante es la consistencia, eso es lo verdaderamente fundamental y lo que representa el cambio de vida.

Si tú logras ser consistente un año, tu vida cambiará.

Un año.

Pero para eso necesitas entender que no puedes depender de algo tan frágil e inestable como tus emociones, no puedes depender de tu estado de ánimo, de que un día estés muy bien y te quieras devorar el mundo y otro día estés silencioso, irritable y sin ganar de hacer nada.

Necesitamos un piso más fuerte, la motivación es un piso demasiado débil como para poderle confiar nuestros más altos proyectos. Lastimosamente hay una enorme industria basada en la motivación y muchos de los grandes empresarios atribuyen su éxito a la motivación o, a la aún más gaseosa e incierta “pasión”.

Las personas dicen necesitar “pasión” y sueñan con una “pasión donde trabajar sea un placer y no parezca un trabajo.”

Eso no existe. Es muy ingenuo e ignora la naturaleza humana.

Ya lo dice Scott Adams en su texto “cómo fracasar en todo y aún así tener éxito” (sí, así se llama y no es una parodia), la pasión esta sobre valorada y lo que al final resulta ser la clave del éxito es una combinación de trabajo muy duro, perseverancia, consistencia aprendizaje a partir de los errores y cierta terquedad en sobre ponerse a las dificultades que suponen las necesarias equivocaciones.

La pasión es simplemente una atribución de la mente que trata de volver romántico un proceso que tiene muchas subidas y sobre todo bajadas, momentos inciertos, errores, desiertos, dilación de placeres inmediatos y una palabra incómoda: sacrificios.

En últimas no hay una solución mágica para que la serpiente no se coma la cola, hay que empezar con una decisión y es quitarle la fantasía al tema de la disciplina y saber que va a costar y que va a requerir un esfuerzo importante, a nivel personal, para encontrar el impulso inicial y luego sostenerlo en lo que es la consistencia (la racha).

Sin ese esfuerzo personal no hay nada que hacer.

Nadie lo hará por ti. Es tu responsabilidad personal.

Lo que un terapeuta o coach como yo podemos hacer por ti es mejorar las métricas, entender lo que pasa para la adquisición de impulso y consistencia y trabajar en el día a día y semana a semana del proceso, como en entrenador deportivo, llevarte a tomar forma y condición física, mental y emocional para no ser tan dependiente de una mente no entrenada o unas emociones sumamente variables.

Pero el primer paso lo das tú.

Será un gusto trabajar contigo, si lo deseas puedes escribirme a naxxxos@gmail.com y te daré los detalles.

¡Es el momento de comenzar!

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!