Gestión de las ofensas y las críticas: claves del guerrero y el sabio

Publicado en Mar 25 2019 - 6:02pm por Álvaro Bonilla

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Vivimos en un mundo muy cruel, donde las personas no van a tener consideración contigo si deciden hacerte la vida imposible, perseguirte o eliminarte real o simbólicamente.

Es un mundo que requiere que tengas, simultáneamente, una mente de guerrero y una mente de sabio.

Es un mundo donde un adulto no puede seguir comportándose como un niño caprichoso e impulsivo, porque será inevitablemente la presa y socialmente no sobrevivirá.

El tema de lidiar con las opiniones diferentes es un asunto muy importante porque es, a la vez, un tema muy estratégico y habla mucho sobre tu fortaleza mental.

Y el precio de tener opiniones propias, de tener personalidad y carácter para decirlas, es que mucha gente va a ir detrás de ti para molestarte y para buscar el lado en el que te descontroles y se te salga la parte emocional o muy agresiva.

Personalmente considero la ofensa como un alfiler que te clavan. Es molesto, y te puede doler un poco, pero no puedes empezar a gritar como un adolorido por un alfiler.

Te lo quitas y ya.

Eso sí, no te dejes chuzar un ojo. Porque ahí realmente duele y te hace daño irreparable.

El guerrero se protege y por ello usa casco, escudo, armadura y tiene lista la mano empuñando su espada, a punto de sacarla de su vaina. El guerrero sabe que tiene que ponerse una coraza que mantenga sus órganos vitales libres de amenazas. Sabe que no puede ser ingenuo, porque habrá personas buscando sus vulnerabilidades, sus inseguridades y afilará su artillería hacia ellas.

En inglés hay una palabra que me gusta mucho y es “unapologetical”, y alude a alguien que no se anda disculpando o pidiendo perdón o justificándose por lo que piensa. Lo dice y ya. Se sostiene en su pensamiento y listo. Entiende que no todo lo que decimos o hacemos va a tener 100% de aprobación, y decide que lo que habla tiene un público y se dirige a ese público.

Comprende algo: todos tenemos inseguridades que hemos cultivado con el tiempo, muchas de las personas que no tienen sólidas habilidades sociales están acomplejados y viven llenos de inseguridades, y lo mismo para aquellos que no tienen herramientas para relacionarse con las mujeres.

Usualmente las inseguridades se concentran en el atractivo, personas que suelen creer que son feos, y sobre nuestras habilidades, solemos creer que somos malos conversadores.

Y esas inseguridades se han vuelto intocables para muchos, son su explicación para el por qué no tienen los resultados.

Esas inseguridades son los agujeros en nuestra estima y si no los aceptamos de una buena vez van a ser la excusa para una vida estropeada, y van a hacer la herramienta para que otros busquen ofendernos y avergonzarnos.

Nunca deberías buscar agradarle a todo el mundo. Primero porque es una gran ingenuidad y segundo, porque al buscarlo, te volverás complaciente y terminarás por ganarte falsos aduladores y un montón de personas que descubrirán que hay un vacío en tu personalidad y que no dejas marca, que eres un tibio.

Hoy día las personas suelen expresar sus diferencias en forma de ofensas y por ello van a criticarte en aspectos como tu personalidad, tus escogencias, tus gustos, tus valores. Y para ello el guerrero nos enseña a trazar límites para distinguir de quién aceptamos opiniones y críticas constructivas y de quiénes no.

Y eso lo debes tener muy claro.

Es más, lo deberías escribir.

Hablemos de estrategia. Si te explicas o justificas: Malo. “Explicación no pedida acusación manifiesta” suelen decir por ahí.  Pero si no te explicas ni te justificas también parece ser malo: “El que calla otorga.”

Maldita sea, entonces, ¿qué hacer? ¿Qué nos dice la estrategia?

Benjamin Disraeli decía “Nunca expliques, nunca reclames”. Esta máxima se volvió inspiradora para personas que trabajan su poder, su confianza y a la vez la rendición de cuentas. Evidentemente los “nunca” como absolutos deben tomarse con pinzas y de acuerdo a la aplicación de criterios. No aplican para absolutamente toda situación. Pero es claro que hay que saber cuando sí es oportuno aplicar la máxima con criterio.

Por su parte, Elbert Hubbard decía “Nunca expliques: tus amigos no necesitan la explicación y tus enemigos igualmente no te creerán”.

Y Churchill, un estadista que era experto en hablar de lo que se le daba la gana y cómo se le venía en gana, decía: “No importa lo buenos que sean tus argumentos, el sólo hecho de mencionarlos hace que las personas lo tomen como un signo de debilidad.”

Analicemos el razonamiento de Churchill y el por qué él veía debilidad en las explicaciones:

  1. Explicar le da poder al otro: Guarda tus explicaciones para las personas que consideres que son parte de tu círculo de confianza, a quienes consideras iguales. Si no les conoces no expliques, pues parecerá que buscas su aprobación y le otorgarás ese poder sagrado sobre ti.

Volvemos a Benjamir Disraeli: “Nunca te defiendas ante una asamblea popular, excepto con y por replicar un ataque.” Churchill hacía esta clase de defensas, pero con un estilo particular: defensas concretas, refutaciones breves y burlas sarcásticas.

  1. Explicar o justificarte demuestra falta de confianza en tus decisiones, iniciativas o principios: ¿Qué marca ves que responde una a una las críticas negativas justificándose? Los líderes agrupan críticas en conceptos más grandes, impersonales y con los que deciden mejoras.
  1. Las explicaciones se convierten fácilmente en excusas: Lord Acton decía: “Tenga cuidado con demasiadas explicaciones, no sea que terminemos con demasiadas excusas”.

Si no te sientes seguro con lo que piensas entonces no lo digas.

O compártelo sólo con tu amigo, ese que siempre se ríe de tus cosas.

Personalmente tengo un manual para el tema, que espero te sea útil:

  1. ¿Cuál es la intención del que me ofende? ¿Es ofender o es un bruto que no se sabe expresar?
  2. Si descubro que su intención es ofenderme usualmente le ignoro.
  3. A veces responder utilizando el cinismo, si la ofensa es personal: “eres muy feo”, mi respuesta “no soy feo, soy monstruoso” o “yo deje el letrero de feo hace como dos kilómetros, esta es la tierra de la abominación”. Y ya.
  4. La pelea siempre la gana el cínico, porque es imposible ofenderle. El primero o el más cínico ganará.
  5. No esperes que con tu respuesta lo “derrotes”, esa no es la idea, porque si es por eso nos metemos en una batalla dialéctica sin fin, argumentos que vienen y van sin parar.
  6. La idea es simple: mostrar que no te importa a dónde te han disparado, que hurgas en tu propia herida y no-te-duele.
  7. Cuando una persona ve que alguien del cual se burla ni se victimiza, ni se queja, ni devuelve la ofensa, ni se vuelve irascible o violento deja su conducta, pues usualmente la conducta de un bully se recompensa al ver sufrimiento o enojo, si no lo encuentra pues se va.

El falso hombre dominante es un hombre inseguro que es demasiado reactivo. Él piensa que defiende su terreno, pero los demás ven que finge ser un guerrero pero sin serlo y tampoco sin ser sabio.

Alguien realmente seguro sabe librar sus batallas, y como me dijo un antiguo mentor: “no le da el título de enemigo a cualquier idiota”.

Se ha hablado mucho de que el que acepta sus defectos e inseguridades es el primero en burlarse de ellos,  y que hay que aprender a burlarse de sus propios defectos, que eso es una muestra de seguridad. Es preciso aclarar que la idea es que usted no sea el primero en burlarse de usted mismo y sobre todo que no lo haga constantemente.

He visto mucho gordo, por mencionar un ejemplo, que no hace sino decir que es un gordo y todo lo que hace es apelar a esta característica para burlarse de sí mismo. Una persona así no muestra aceptación, muestra a una persona insegura que no se quiere, una persona que se agrede una y otra vez. Es una sutil, pero importante diferencia.

Si tú no te das valor en la forma en la que te hablas a ti mismo, entonces los demás abusarán de ello, y lo harán hasta que tu piensas “oye ya no más. Sólo yo tengo derecho a tratarme así (de mal)”.

Si abres una puerta, la gente va a pensar que puede entrar, desordenar tu casa, abrir la nevera y llevarse tu comida y tus cosas.

Por ello el guerrero te ayuda a poner los límites psicológicos y emocionales para ser selectivo, en quienes permites que entren y en aquellos a los que te permites ignorar.

Siempre se el primero en tratarte con aprecio y respeto.

Es así como moldeas la forma de trato que quieres recibir.

Burlarte de forma genuina de ti, pero sin exageraciones y sin hacer un stand up comedy de ti.

Recuerda: el trato que los demás ven que tú te das es el mismo que te darán.

El sabio te permite decidir estratégicamente qué batallas vale la pena librar y cuáles es preciso ignorar, por más ganas de pelea que tenga tu rival. El sabio te permite entender las motivaciones que tiene tu rival:

  • ¿Desea sentirse superior?
  • ¿Está herido y proyecta lo que odia de sí mismo en ti?
  • ¿Es un amargo crítico que muestra que es infeliz?
  • ¿Está cargado de envidia?
  • ¿Busca probarte?
  • ¿Está tanteando el terreno buscando algo más?
  • ¿Es un juego de poder?
  • ¿Qué gana con tu rabia, con tu dolor o con tu atención?

Todo ello se pondera rápidamente en el ejercicio estratégico y a partir de esas claves se decide la reacción, el tipo de reacción o se decide no reaccionar.

Ahora te propongo algo: este tema es extenso, si tienes casos o preguntas sobre el tema compártela en los comentarios para seguir trabajando el tema.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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