Hasta cuando querer y emocionarse – ¿Cómo gestionar emociones? (Parte 1)

Publicado en Ene 13 2020 - 7:12pm por Álvaro Bonilla

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Al parecer o las emociones se desbordan o, de lo contrario, eres un insensible, casi rozando la psicopatía.

Muchos lectores suelen preguntar si es “malo” sentir, hasta cuánto deben emocionarse y de esa emoción cuánta debería ser compartida.

Es decir, estamos con la necesidad de saber la medida de las emociones.

Por ello me voy a dar a la tarea, en este post, de contarte hasta cuánto es preciso entregar y dar. No espero dar una respuesta exhaustiva a la cuestión, porque existe una gran cantidad de casuística al respecto, pero si poner delante de ti una especie de brújula emocional que te ayude a calibrar y guíe tus decisiones emocionales, y sobre todo y muy importante, te indique cuándo debes trabajar en la gestión de tus emociones y cuál es el prejuicio que puede causarte el no tener una brújula sintonizada.

Primero, voy a empezar por hablar sobre el concepto de “inteligencia emocional” y ponerlo en palabras muy prácticas, y consiste en utilizar las emociones a tu favor y no en tu contra, es así de sencillo. Que las emociones te ayuden a vivir, que te ayuden a encarar proyectos, que te ayuden a tener una relación positiva contigo mismo, que te ayuden a tener una relación constructiva con los demás.

Si las emociones estorban entonces tenemos un problema con su administración.

Debemos convivir con una situación problemática, convivimos con un entorno que usualmente busca manipular nuestras emociones, política, religión y publicidad. Nosotros mismos y otras personas no tienen sus emociones calibradas ni entrenadas, y al parecer se ha creado un sistema que te enseña a sobre actuar emocionalmente es lo correcto. La música, las películas y todo el aparato de entretenimiento te dice, sin que lo notes, cómo debes sentir. Te dice cómo sentir cuando tienes una relación, cómo sentir cuando ya no la tienes, te dice cómo sentir en casi cualquier situación.

Además, las redes sociales suelen premiar, con likes y exposición, aquellas interacciones donde las emociones tienden hacia el espectro negativo, por ejemplo, la tristeza o la rabia. Es decir, el sistema condiciona tus respuestas emocionales, entre más extremas, negativas y descontroladas, mucho mejor.

¿Qué pareciera decirte entonces el entorno y las demás opciones? Que tienes tres opciones, o ser extremadamente emocional o ser un aburrido.

La moderación, la templanza o la misma educación emocional se ven como algo exótico y cuando reaccionas en contravía a lo que las demás personas sienten, por ejemplo, mientras ellas estallan en cólera tú te mantienes centrado, entonces pasan a la ofensiva a decir que eres una persona aburrida o que eres un controlador.

¡Vaya panorama! ¿Verdad?

El estoicismo, el mindfulness y otras prácticas se está divulgando como una alternativa al descontrol emocional, pero entonces entra la pregunta obligada: ¿es decir que no debería sentir? ¿lo ideal sería que fuera una persona fría y analítica? ¿Cuál es el límite de las emociones?

Pues bien, lo que nos dice la psicología es que deberías tener consciencia sobre cómo sientes y cómo son tus emociones. Es decir, deberías observarte y ver qué cosas despiertan tus emociones, y porque en esa medida no serás un barco al vaivén de las olas, que se mueve simplemente por causas externas sino que podrás poner, tú mismo, un interruptor y escoger cómo sentirte, qué tanto sentirte de tal o cual manera y sobre qué cosas sentir y qué cosas más bien distanciarte y no sentir.

Y acá aparece un personaje bastante conocido por las personas que trabajan en sus relaciones de pareja, y es “el drama”, definido como la tendencia a ser demasiado emocional, trascendental y romper los límites emocionales respecto a una relación. El drama es vivir en medio de una tormenta, solo porque hemos elegido que la mejor forma de vivir una relación es en forma de tormenta, porque, se supone, que así debería ser, pues las canciones hablan de eso, las películas hablan de eso y la gente suele hablar todo el tiempo de eso.

Dramas tenemos por montones, políticos, dramas porque nuestros sentimientos no son correspondidos por otras personas, dramas porque nuestra pareja se va viaje, drama porque no coincidimos, drama porque se terminó la relación, drama porque hay alguna mentira, drama porque se va a pedir un compromiso.

Básicamente drama por todo, casi que hasta por ir al baño.

Sin embargo, una persona consciente, es capaz de poner un botón de pausa y decir “oye, ¿necesitamos un drama aquí? o “¿puedo escoger una mejor forma de sentir? ¿Quizá una forma basada en recursos, soluciones, alternativas?”

Eso es lo que hace una persona consciente que dice, “oye, no estoy obligado a vivir esto como una tormenta, si lo vivo así es porque elijo vivirlo así, no porque sea obligatorio, ¿de qué otra forma lo puedo vivir”.

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Y más aún, la persona consciente no se deja contagiar fácilmente por las emociones de otro, es decir, entiende que los otros sienten de ciertas formas, quizá de formas inconscientes o sin reflexión, pero que esas formas pueden estar equivocadas. Que el pánico político puede vivirse diferente, que el pánico climático puede vivirse diferente, que el pánico, el miedo, la rabia, la tristeza infinita puede tener un recurso psicológico o una acción que nos lleve a otro puerto.

Es decir, quien vive conscientemente sus emociones toma el timón del barco, ya sea sólo o con otra persona y le dice “naveguemos a otra región más tranquila, calmémonos y pensemos qué podemos hacer.”

Muchas de las personas con las que trabajo no conocen este poder, y han desarrollado ansiedad, porque situaciones muy importantes les suscitan un desbalance en la forma en la que lo abordan, y por esa misma ansiedad empiezan a desarrollar un importante volumen de pensamientos intrusivos que los llenan de miedos, de inseguridades y de sentencias sobre quiénes son y de qué son capaces de hacer. Y a partir de allí la depresión está a la vuelta de la esquina, porque ansiedad y depresión son vecinos. No gestionas emociones y pensamientos y luego vives en la tormenta.

En el próximo post seguiré con el tema y te diré algunas recomendaciones básicas para que tu instales tu propio marco de gestión emocional e instales el marco emocional en tus conversaciones y relaciones con los demás.

Para ello es importante tener en cuenta que pueden llamarte frío, aburrido o cualquier cantidad de adjetivos, justamente porque tu postura emocional equilibrada y basada en recursos pone al frente de ellos una situación que les genera desconcierto.

Así que entiende que no dejarse llevar por la ola de emotividad y manipulación tiene un precio y para ello es preciso que te mantengas en tu centro, que no seas tímido, que seas asertivo y que, en últimas, seas indiferente a la opinión que tienen otros sobre ti.

Seguimos en el próximo post,

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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