Las máscaras que usamos: La incomodidad y la vergüenza de ser tu mismo

Publicado en Mar 16 2020 - 3:33pm por Álvaro Bonilla

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Vuelvo a hablar de un enemigo muy poderoso relacionado con tus posibilidades sociales y con tus posibilidades con las mujeres.

Es la relación que tienes contigo mismo.

La gran mayoría de personas tienen una relación bastante incómoda y bastante lastimada consigo mismos.

O no se conocen.

O desearían ser otra persona.

O tienen tantas quejas consigo mismo, son tan poderosas y tan presentes todo el tiempo las voces críticas que tienen que se ha vuelto tremendamente incómodo incluso verse al espejo.

Están pensando siempre en sí mismos y están pensando mal sobre sí mismo.

Están conviviendo amargamente con ellos mismos.

Apreciado lector, tu identidad está lesionada porque has cultivado un hábito, en forma de piloto automático, de tratarte pésimo, de minusvalorarte, de criticarte, de compararte, de quejarte.

Y ante ello sólo tienes dos opciones:

Opción 1: O te empiezas a engañar a ti mismo, compras una identidad de esas que venden ciertos gurúes de la felicidad o cualquier vendedor de identidades. Esos que te dicen que te pongas un disfraz de hombre exitoso y lo lograrás.

Opción 2: Empiezas a ocuparte de ti mismo y de mirarte a la cara .

Hace un par de meses trabajé con un famoso experto en forex e inversiones, llegó a mi consulta y empezamos a trabajar desde el punto de vista terapéutico. ¿La razón? Llegó un día en el cual no sabía si sus pensamientos eran sus pensamientos y ese mismo día no supo quién carajos era.

Empezó a sentir que era dos personas absolutamente diferentes, una la que salía los fines de semana y entrenaba a personas para invertir, y otro un chico tímido y sensible que tenía una visión más trascendente de la vida y que tenía una nobleza que intentó quitar de sí mismo sólo para aparentar ser un macho alfa, un líder infalible, un tipo súper productivo, un influencer, un súper increíble inversionista y otro montón de máscaras.

En el ejercicio inicial identificamos 13 máscaras que tenía, ninguna de ellas auténtica. Fue un ejercicio de despojarse del “falso ser” de ese que en ocasiones creamos para ir por el mundo y no mostrar lo vulnerables o débiles que estamos. Imagínate, 13 máscaras que tenía, algunas las usaba con sus padres, otras con sus parejas, unas mujeres creían que él era el gran emprendedor, otras veían en él a un joven de 28 años que era muy bueno hablando el público, otras veían a un hombre que se ganaba el respeto de otros hombres, otras veían que tenía buen dinero para invitarlas a lo que quisiera, sus amigos veían a un tipo que tenía el Instagram lleno de fotos de mujeres lindas y fotos en Miami.

Este ejercicio lo puedes hacer preguntándote por las personas que tienen que ver contigo y cuál es la imagen que deseas proyectar a cada una de ellas.

Pero en realidad este joven estaba roto, estaba fragmentado y sentía que todas esas máscaras no lo hacían sentir lo que quería. Se sentía un mentiroso, se sentía tremendamente culpable, se sentía tremendamente avergonzado, se sentía como alguien que no merecía amor por quien era realmente era.

En una de las sesiones me dijo: “¿Cómo se si me quieren por lo que soy, por mis defectos, por las dudas que tengo?” Se sentía muy solo porque se guardaba todas sus dudas para sí mismo, se guardaba todas sus inseguridades, se guardaba todos sus conflictos emocionales, se guardaba el miedo que sentía y la ansiedad que lo estaba consumiendo. Hasta que no pudo más y empezó su proceso personal, el cual tuve el gusto de acompañar y contarles a ustedes con la aprobación de él, quien ya ha leído estas líneas.

Me puso una metáfora que quiero compartir con ustedes, me dijo: “imagine que usted es un calvo y que intenta solventar la vergüenza que le da estarse quedando calvo y lo suple poniéndose una peluca, y tiene una pareja que se ve atraída por su supuesta y falsa frondosa cabellera, y tiene miedo de decirle, porque no está seguro si ella aceptará a un hombre calvo. Entonces, cada noche hace mil y una cosas para mantener esa peluca en orden y que jamás se dé cuenta. Es posible vivir un tiempo así pero luego es insostenible.

Ahora, en el punto en el que estamos ha aceptado la verdad sobre sí mismo.

Y esta verdad ha sido que ha incorporado una serie de formas de actuar muy diferentes a lo que él en realidad cree. Es decir, se ha visto en la necesidad de actuar en contra de lo que realmente es.

Y créeme, hay formas en las que uno puede seguir su vida siendo una farsa porque ser una farsa da resultados superficiales ciertamente buenos llamados “aprobación ajena”, te aprueban amigos, te aprueban parejas, te aprueba la gente.

Porque te estás comportando tal y como las personas esperan que los hagas.

Y les estás dando justamente lo que ellas necesitan para aprobarte.

Les estás sobornando, o les estás comprando.

Y es lo que hacen muchos, y lo han hecho toda la vida. Salen varias preguntas que son:

  • ¿Por qué aunque estoy con gente y tengo incluso una relación me siento solo?
  • ¿Si mostrara muchas de mis opiniones auténticas estas personas que tanto me aplauden seguirían a mi lado?

La máscara del falso ser es algo que se va haciendo más y más gruesa, de tal manera que durante muchos años ya es indistinguible quién eres, simplemente no lo sabes, incluso ni siquiera sabes si las opiniones que tanto defiendes son tuyas o simplemente las has copiado de otro porque has visto que funcionan socialmente.

Detrás de todo esto está un miedo que, en mi cliente, estaba sin abordar y era un miedo muy básico: de la forma en la que soy no soy atractivo, soy desagradable. Y este es el miedo básico por el cual todos transitamos en la vida, y cuya solución no es justamente convertirnos en algo que no somos negando aquello que somos en lo profundo y que nos hace sentir vergüenza.

Es decir, no es necesario actuar.

Porque actuar demanda muchos recursos psicológicos, y sobre todo implica una negociación muy difícil, es guardarnos en un closet.

Cuando le pregunté a mi cliente que por qué había decidido buscarme me dijo algo así como: “por qué me di cuenta que me gustaba recibir aprobación y likes en mis redes sociales pero no me gustan quien soy, es más, empiezo a detestar a la clase de personas de las que me relaciono, me parecen muy superficiales”.

La superficialidad que criticas es la misma superficialidad que tiene tu identidad.

Como ya he contado, en los últimos post, muchas de las escuelas de positivismo te están enseñando a mentir y no ha encontrar orgullo en quien eres.

Seguramente hay cosas que no te gustan de ti mismo.

Seguramente crees que los demás no aceptarán ciertas cosas que a ti te producen vergüenza, seguramente te podrás avergonzar de cosas externas, de tu físico, de tu estatura, de tu cara, de tu empleo, de que vives con tus padres todavía.

Claro, es importante que busques ser tu mejor versión, es decir, desplegar las potencialidades y capacidades que tu tienes, y que por miedo o desconocimiento no despliegas.

Lo que tiene un costo verdaderamente elevado es que decidas ser otra persona y que te abandones a ti mismo por vivir una farsa.

Al final, como hizo mi cliente, lo más sensato es que confrontes quien tu eres y que lo aceptes y trabajes para sentirte auténticamente orgulloso de quien eres, con tus virtudes y con tus defectos. Porque curiosamente, las personas que se aceptan y se sienten orgullosas descubren aún más virtudes y cualidades que puedes mostrar.

Y sobre todo podrás expresar lo que realmente quieres y sientes, sin engañarte.

Y podrás sentirte libre de ser como tu eres en la intimidad de tu relación de pareja. No obligado a comportarte de cierta manera para sobornar a la mujer que está contigo, y que la tienes a tu lado porque, entre otras cosas, será aprobada por otros porque la pondrás una y mil veces acompañándote en las redes sociales.

Por este post es suficiente.

¡Es el momento de vivir una vida extraordinaria!

¡Hasta la próxima!

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Si deseas trabajar conmigo, en un proceso uno a uno, para desarrollar tu juego interno, conocerte mejor a ti mismo y trabajar en la aceptación de ti mismo, escríbeme a naxxxos@gmail.com.